Mar adentro

El mar es un azar
¡Qué tentación echar una botella al mar!
(Mario Benedetti)

Hubo una época, cuando las palabras delataban y deleitaban al autor, pero, sobre todo, también formaban e informaban a sus lectores. Ahora la cosa ha cambiado. Al reducirse la necesidad de buscar permanentemente su propio sentido y protección en las citas de célebres contemporáneos, disminuyó la importancia de sus obras. Para sobrevivir emocionalmente hoy en día para muchos es suficiente estar en las “redes sociales”. Incluso para algunos basta con el Instragam. Ni si quiera sé si es bueno o malo, es simplemente diferente…

Confieso, durante muchos años me he resistido en formar parte de las famosas “social media”, limitándome a lo imprescindible profesionalmente. Por varias razones. Y la más importante de ellas – mi profunda convicción de que una palabra escrita a modo personal debe tener sentido para nacer y fuerza para sobrevivir.

La melódica habla ya no será capaz de atenuar su desnudez, el agradable ambiente de una conversación entre amigos no podrá sacarnos de callejones oscuros de la lógica y de la razón, apoyándose en los eternos sentimientos. La expresión oral siempre es más permisiva, la expresión escrita es siempre más estricta. Y quedan para siempre grabados nuestros pensamientos y sentimientos deambulando por la red, casi siempre moribundos, anticuados y desfasados. Otras veces aclamados, recordados y resucitados del olvido colectivo, cobrando su propia vida y encontrando su destino.

Al empezar este blog, me asaltaban varias dudas: ¿podré ser dueño de mis palabras y de mis fantasmas? ¿Seré capaz de cuidar y de no avergonzarme de lo escrito – fruto de nocturnos delirios de dolor y de placer entre la mente y el alma temporalmente condenados a convivir en un frasco de más de 40 años? ¿A quién y para qué podrá interesar la producción de hormonas y los ciclos menstruales de los mal llamados intelectuales?

No se trata de fabricar un “best seller”, impregnado de afrodisiaco androstenol cubierto de 50 sombras, se trata de compartir con gente desconocida mi propio ciclo evolutivo, muchas veces tan personal como una mezcla maloliente del hidrocarburo ácido alifático. He pensado compartir aquí mi visión sobre todo tipo de noticias que han sido recogidos por los medios de comunicación y que han llamado mi atención por alguna razón. ¿Acaso tiene sentido para alguien más mi percepción de la vida?

No lo sé. Y quiero averiguarlo. Como hacían nuestros antepasados, lanzando al mar abierto una botella que contenía un mensaje. Este blog, es mi botella personal, el mar – la red de redes y a partir de aquí toca esperar…

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