La botella Nº 162: “La guerra económica, la libre competencia y la justicia”

TRUMP

Creo que hay muy pocas personas en los circulos intelectuales que pueden definirse como partidarios del singular presidente Trump. Y la guerra económica con China (y con el resto del mundo de forma colateral) que él libró, restó aún más la cantidad de sus fans incondicionales. No obstante, hay ciertas dudas que tengo y que me gustaría aclarar.

No cabe duda que durante las últimas dos décadas el Imperio del Cielo se ha comportado como un auténtico profesional de delitos de guante blanco, un delincuente al fin y acabo: el descarado robo de propiedad intelectual, el flagrante espionaje industrial, la total y absoluta manipulación de su divisa para fortalecer sus intereses, la manipulación de los datos macroeconómicos y la brutal presión a las empresas extranjeras dentro de sus fronteras son solamente la punta del iceberg más visible. Alguien debería de pararle los pies, ¿no?

Sin duda, el capitalismo de Estado (el más salvaje) que prevalece en algunos países, distorsiona los mercados y obstaculiza las oportunidades de negocios para Estados Unidos (y para el resto de países abiertos económicamente), mientras que la corrupción subvierte a los mercados abiertos e impide la capacidad de las empresas estadounidenses para competir. Sin embargo, me llama poderosamente la atención como en Washington usan la justicia estadounidense para quebrar empresas de otros países en beneficio de sus empresas. Recuerdo unos casos muy llamativos.

El primero de ellos es el caso de ALSTOM. El CEO de la empresa, el Sr. Patrick Kron, accedió a venderle la compañía a la GENERAL ELECTRIC cuando la alemana SIEMENS y la japonesa MITSUBISHI peleaban por comprarla. ¿Por qué lo hizo? Según el ex ministro de Economía francés, el Sr. Arnaud Montebourg, Kron estaba amenazado por el sistema de justicia estadounidense cuando negoció el acuerdo con la empresa americana a espaldas del gobierno francés, preocupado porque una compañía extranjera se hiciera del control de un sector estratégico de su país como es el de la energía. Y en opinión del Sr. Frederic Pierucci, ex ejecutivo de ALSTOM, Estados Unidos utiliza el sistema de cooperación legal internacional como un “arma económica” para eliminar a los competidores de sus corporaciones. “Es una guerra económica subterránea” dijo en una entrevista concedida a un medio de comunicación francés.

Tal vez son solo los rencores de los derrotados, pero recuerdo otro caso más: el de EMBRAER. El tercer fabricante de aviones del mundo (por detrás de Boeing y Airbus). En el año 2002, el gobierno de Hipólito Mejía en República Dominicana eligió comprar para sus fuerzas armadas aviones Super Tucano de la empresa brasileña en vez de los aviones turbohélices AT-6B Texan II de la corporación norteamericana RAYTHEON (quien hoy cuenta como accionista al presidente Donald Trump). Fue una sorpresa porque desde los tiempos del dictador Rafael Trujillo, los Estados Unidos siempre dictaron qué tipo de aviones debían ser usados por la Fuerza Aérea Dominicana. El bloqueo al contrato duró hasta 2008, cuando el gobierno de Leonel Fernández aprobó finalmente la compra de los aviones Super Tucano, desatando el enojo de Washington.

Desde entonces EMBRAER empezó a sufrir varios problemas. Se abrió la investigación del Departamento de Justicia contra Embraer por haber incurrido en prácticas corruptas en el extranjero, en ocho países, entre ellos Arabia Saudí, República Dominicana, Mozambique y la India, donde la compañía brasileña era líder en venta de jets con el control de 35% del mercado. Todo terminó con multas desorbitadas para cerrar la investigación judicial por prácticas corruptas en su contra que debilitaron significadamente el flujo del capital de la empresa. Sus acciones cayeron en picado precisamente cuando la competidora BOEING se disponía a absorberla a EMBRAER en respuesta a la fusión de Airbus con la canadiense BOMBARDIER. Esto finalmente ocurrió el 6 de julio de 2018 con la toma de control de Boeing del 80% de las acciones de Embraer, sin que nadie de los accionistas de la empresa brasileña todavía ha visto ni un duro. Y probablemente nunca lo verá. Una operación a todas luces poco transparente y que perjudicó a los accionistas de la empresa brasileña. Basta con el ver el gráfico bursátil de su cotización.

Qué son, ¿coincidencias? Es posible. ¿Y qué me dice sobre la guerra jurídica contra compañías como la china HUAWEI o la alemana VOLKSWAGEN, a quienes ha intentado sacar de su mercado interno y afectar sus valores de mercado? Otra vez demasiada ambigüedad: es cierto que la multinacional automovilística Volkswagen manipuló las emisiones de sus coches diésel, pero lo hizo también CHRYSLER. Pero todos recordamos a la multinacional alemana, del otro se habló muy poco. En cuanto a la HUAWEI y su liderazgo en la tecnología 5G prefiero ni hablar. Creo que la verdadera razón de la actual guerra económica con China no son los puestos de trabajo de los obreros analfabetos del medio oeste, en el juego está el dominio tecnológico mundial. Y Estados Unidos sabe que es su ultima oportunidad para parar los pies a los competidores que son capaces a medio y largo plazo posicionarse al mismo nivel que EE.UU. Y los chinos pueden logralo.

Tanto ALSTOM, tanto EMBRAER fueron judicializados por el Departamento de Justicia, al igual que otras empresas, gracias a la Ley sobre Prácticas Corruptas en el Extranjero, sancionada en 1977 en el contexto de la Guerra Fría. En principio, dicha ley solo afectaba a las empresas locales hasta que en los años 80 éstas presionaron para sumarle una enmienda que alcanzara también a las compañías extranjeras que operaran en suelo norteamericano. Desde ese momento, la justicia de Estados Unidos se asume como extraterritorial contra cualquier corporación que incurra en prácticas corruptas en el extranjero.

Dicen extraoficialmente algunos diplomáticos que de esta forma EE.UU. puede quebrar empresas extranjeras (o sacarle sus cuotas de mercado) mezclando el uso de la justicia con importantes campañas publicitarias, que derivan, además, en debilitar en los mercados bursátiles el precio de sus acciones en función de que negocien sus posibles ventas, o fusiones, con sus ejecutivos amenazados de ser llevados a la cárcel. Es una nueva forma de “guerra económica” dicen algunos politicos europeos.

Sería muy triste averiguar algún día que estos “chismes” de círculos diplomáticos tienen fundamento: los casos de EMBRAER y ALSTOM, así como los reiterados ataques a competidoras chinas (y rusas a través de sanciones), reflejan cómo Estados Unidos subvierte el principio de libre mercado y competencia para beneficiar a sus empresas. ¿O tal vez son solo Fake News? Quizá nuestro socio transatlántico sigue siendo el guardián de libertades civiles, el gran defensor de las reglas de libre mercado y un socio de fiar en asuntos de la defensa y cooperación internacional. Yo no lo tengo muy claro. ¿Y Ustedes?

 

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