La botella Nº 157: “La basura como arma de guerra”

Basura

La guerra comercial que ha librado Trump contra el Impreio del Cielo ha descubierto el nuevo y muy importante talón de Aquiles de los Estados Unidos de América: el país norteamericano se queda sin reciclaje e inundado de basura en el sentido literal de la palabra…

China drásticamente ha recortado sus importaciones de basura procedente de todo EEUU en un 99%.  Así es la respuesta “creativa” china a los aranceles impuestos por la administración de Trump en esta guerra comercial sin cuartel. Y sus consecuencias ya se perciben con dramática nitidez. Los vertederos de Estados Unidos se están quedando sin espacio.

Veamos lo que está pasando. El consumo interno en Estados Unidos bate todos los records y es una base solida de crecimiento de la economía norteamericana. Pero al mismo tiempo genera 262 millones de toneladas de basura al año, un 4,5% más que en 2010 y un 60% más que en 1985. En torno al 25% de la basura estadounidense acaba siendo reciclada dentro del país, y un 12% se quema para generar electricidad. El resto se exporta. Una gran parte se enviaba antes a China. Su industria recibía más de la mitad de la basura generada en EE.UU. y la convertía en productos de consumo que volvían a las tiendas norteamericanas. Hasta que llegó Donald Trump y libró su particular guerra comercial.

El astuto politburó chino de repente se acordó de la importancia de cuidar la naturaleza de su propio país y  por razones medioambientales ha recortado sus importaciones de basura en un 99%. Y entonces Estados Unidos fue cogido por sorpresa. Su industria de gestión de residuos se quedó colapsada y los vertederos no dan abasto. Según dice la SWEEP (una organización sin ánimo de lucro que vigila uso de los residuos) los más de 3.000 vertederos activos de Estados Unidos se llenarán en menos de dos décadas. Especialmente en el noreste del país, mucho menos avanzado en las políticas de reciclado que los estados de la Costa Oeste. Los efectos de la respuesta china a la guerra comercial ya se perciben con dramática nitidez en todo EEUU.

Económicamente el golpe chino también es fuerte. Antes por la basura se pagaban seis dólares por tonelada a las empresas que enviaban los plásticos a China. Ahora, dado que estas se han quedado sin mercado, cobran la tonelada a 125 dólares: ¡veinte veces más caro! El precio es tan alto que cualquier municipio sólo tiene dos opciones: o el vertedero, o la incineradora. Y las incineradoras contribuyen elevar el índice de las peligrosas toxinas que maltratan la salud y el medioambiente.

La guerra comercial con China está cobrando ya sus primeras víctimas mortales en el suelo norteamericano. Entre la población que vive cerca de incineradoras y vertederos gigantescos han empezado a crecer de forma notoria los índices de enfermedades y muertes. Así cuatro de cada diez niños en Chester City padecen asma, y el ratio de cáncer de ovarios es aquí un 64% superior a la media del estado. La gente de Chester City se siente desesperanzada. Todo lo que quieren es que sus hijos se vayan, que se escapen.

Y muchos se preguntan: ¿por qué las toneladas de plástico separado por los vecinos en sus contenedores azules no tienen una segunda vida por delante? No se convierten en sudaderas, juguetes, alfombras o carpetas, sino en un montón de cenizas y toxinas perjudiciales para la salud de los vecinos. La respuesta es demoledora: el dinero y la rentabilidad, las dos caras de la misma moneda llamada la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Incluso en muy ecológica California están surgiendo problemas con la industria de reciclaje. Y si el Washington no encuentra pronto la respuesta a la pregunta qué hacer con toda esta basura que se acumula a ritmos gigantescos dentro del país más consumista del mundo, la situación se convertirá en incontrolable. A nuestros socios norteamericanos toca ahora construir sus propias plantas de procesado y dejar de enviarla la basura a otros países para que lidien con ello. O sellar la paz con China para que siga siendo su gigantesco vertedero lejos de sus fronteras.

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