La botella Nº 147: “Lehman Brothers forever…”

lehman brothers 3

Dicen que somos una raza avanzada de monos en un planeta menor de una estrella mediana. La evolución ha asegurado que los cerebros aprenden de la experiencia de los demás y la inteligencia se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar. No sé hasta que punto es cierto. En la sociedad moderna los necios deciden y los inteligentes deliberan. Y el decimo aniversario de la caída de “Lehman Brothers” es un ejemplo de ello.

¿Se acuerdan lo que pasó hace diez años? Los bancos no se fiaban unos de otros y no se prestaban dinero (tampoco a los clientes), estaban expuestos a carteras de activos tóxicos de valor ignoto y no tenían capacidad suficiente para absorber pérdidas. Lehman Brothers, una de las entidades más agresivas del mercado y con mayor exposición a negocios tan arriesgados como complejos, tenía un colchón de menos del 2% de sus activos. Tras su caída, el sistema bancario de Estados Unidos colapsó durante unas semanas y a punto estuvo de desmoronarse, como sí sucedió en 1929 dando lugar a la Gran Depresión. Colapsaron en primer lugar, además de la Bolsa, el mercado de papel comercial a corto plazo y la actividad tanto de hedge funds como de bancos de inversión. Las pérdidas generadas por Lehman se propagaron y crecieron de forma exponencial, generando una crisis de confianza a gran escala.

Diez años más tarde los cambios han sido más bien superficiales. Los que han tenido el poder todos estos años (salvo en contadas excepciones) han dado una patada hacia adelante para no complicarse la vida. Los bancos siguen siendo demasiado grandes para caer, por lo que implícitamente saben que pueden tomar más riesgos y, en última instancia, serán rescatados por las autoridades de turno. El mundo de las finanzas está más interconectado, cualquier riesgo se propagará a la velocidad de la luz. Y riesgos hay por doquier: desde la falta de crecimiento y mucha deuda, hasta tensiones geopolíticas. Por tanto, sin duda veremos otra crisis financiera. Su causante esta vez en términos económicos será con mayor probabilidad la deuda.

Fijase en la deuda de los estados de la OCDE que crece a velocidad de vértigo (los países emergentes siguen el mismo camino). Es una bomba de relojería. Los gobiernos de estos países no son capaces de ponerse de acuerdo ni en la materia económica, ni en la política exterior, tampoco pueden resolver el problema de la inmigración irregular, son impotentes ante el auge del populismo de los extremismos políticos. Solamente saben subir impuestos y recortar más prestaciones en educación, sanidad, I+D+i.

Vemos con estupor que los estados europeos son incapaces de generar más ingresos sin provocar el enfrentamiento social. O no saben hacerlo. O no quieren hacerlo. Da igual. El día cuando los inversores se darán cuenta de que la deuda acumulada no es sostenible y es impagable, se librará el Armagedón financiero. Y provocará en una gran depresión económica. Quizás entonces a alguien se le ocurrirá la vieja fórmula de librar otra guerra mundial para un borrón y cuenta nueva, pero mira por donde algunos países de forma preventiva ya enseñan sus dientes.

Los que entendemos algo de la economía sabemos que el sistema financiero es inestable por definición. Las subidas de los precios de los activos empujan a la asunción de deudas que usan estos activos como colateral. La complacencia general lleva a conceder préstamos que no se pueden pagar y, cuando falla la confianza, resulta que el colateral está sobrevalorado. Pero no es el verdadero problema.

El problema son las reformas parciales. No se han ajustado a la realidad económica actual. Todas ellas, por cierto, abogan por rectificar el mantra de la regulación más severa y transparente como la ley Dodd-Frank en Estados Unidos y el Mecanismo Único de Supervisión en Europa. Pero la fragilidad sigue siendo estructural. Por una parte la banca ahora está más regulada, pero por otra la reversión de las reformas financieras que promueve el amigo Trump hace ganar más dinero a  Wall Street, aumentando su vulnerabilidad. Además, la llamada banca en la sombra, es decir las instituciones que hacen negocio bancario sin ser técnicamente bancos, ¡se ha multiplicado por cuatro desde 2008! Su crecimiento ha creado un sistema financiero paralelo aprovechando la pujanza de algunos países y su apetito por la deuda. Solo nos falta la burbuja de criptoactivos que de momento está siendo pinchada deliberadamente.

Lo que también es muy preocupante, es la imparable simbiosis del poder factico financiero con el poder político. Tanto amor transmite la sensación de proclamar de facto un estado feudal donde solo hay dos clases: los que siempre viven bien y los que nunca lo harán. Los grandes bancos y las grandes empresas son cada vez más grandes y alojan con la verdadera caridad cristiana a los ángeles caídos del mundo político para suavizar con desmesurados sueldos su forzada huerfanidad.

Mientras tanto los salarios de la gente de a pie prácticamente no crecen, pero los ricos son cada vez más ricos y ya tenemos en Europa al trabajador pobre, la nueva clase social. El 1% de la población mundial tiene el 46% de la riqueza, según Credit Suisse, 10 puntos más que en 2010. En España los salarios han bajado de forma sustancial entre el 10% de la población que menos cobra y han subido entre el 10% que más cobra. La desigualdad se ha acentuado, y más allá de la justicia social, este fenómeno abre la puerta a populismos más interesados en incendiar cosas que en arreglarlas. Y supone una vulnerabilidad añadida: las clases populares se ven empujadas a endeudarse mientras los más acaudalados buscan vías exóticas de encontrar rendimiento con los tipos en el entorno del 0%.

La desigualdad de rentas ha aumentado, y la complejidad del mercado financiero también. Es cierto que los complejos productos financieros están más alejados del incauto inversor minorista, pero con el MIFID II no se solucionan los problemas. En el mundo financiero otra vez se han puesto de moda productos como fondos cotizados sintéticos (construidos a partir de derivados) o notas ligadas a estructuras complejas que combinan la inversión privada con la deuda pública y corporativa. Y todos están más endeudados que hace 10 años prácticamente en todos los países. Increíble pero cierto.

Las pocas defensas que tenemos no son homogéneas. La supervisión de las entidades financieras se hace a ambos lados del atlántico, pero en Estados Unidos además de reforzar la solvencia, los supervisores de la banca también están vigilando la liquidez. En Europa los bancos han duplicado sus ratios de capital, del 8% de sus activos antes del crac al 15,6%. Los requisitos de capital se han endurecido. Y ha cambiado la dependencia que tienen los bancos de los préstamos de otros bancos gracias a las medidas de los bancos centrales. Los bancos no están expuestos a activos fuera de balance como los que propagaron la crisis subprime al conjunto del sistema financiero (especialmente a Europa).

Pero en Europa la banca periférica sigue apoyándose en los préstamos del BCE para paliar la salida de fondos, ¿qué pasará en 2019 cuando Mario Draghi cerrará el grifo? Además, los previstos mecanismos para quiebras ordenadas son insuficientes, como admite el propio FMI. Los bancos centrales tampoco podrán usar su arsenal para evitar un colapso del sistema, con los tipos de interés actuales no les queda mucha munición.

Es difícil que se repita la lección de Lehman Brothers. Los acontecimos históricos están por encima del banal plagio y la realidad siempre supera la ficción. Pero muchos estamos notando ya la silenciosa presencia de los Dementores, criaturas que infestan los lugares más oscuros y más sucios del alma avariciosa.

Sin duda veremos otra crisis. Podemos montar una casa de apuestas y calibrar las posibilidades cúando doblarán las campanas, si será en la zona Euro, en China, por culpa de Trump o Putin, de la banca en la sombra o de los productos estructurados que convierten la renta fija en la más arriesgada que la propia renta variable. Podemos apostar casi todo, pero lo que es seguro que sus efectos más devastadores dependerán del nivel de deuda y riesgos acumulados, que a su vez dependen del contexto económico. Y lo que no han entendido los políticos hasta ahora, que la regulación del sistema financiero no es la panacea. Solamente la acelerada creación y acumulación de la riqueza por parte de la población puede ser el único escudo valido.

Sería muy preocupante que veamos otro “Lehman” o algo peor. Pero, viniendo de una especie de monos avanzados que no se atreve a combatir las peores experiencias de su vida, cualquier cosa es posible. Aun así, contemplo la esperanza que hay suficiente gente lista que tiene a su disposición dinero, tecnología y talento para hacer más dinero por las vías que puedan evitar el colapso. Pero mucho me temo que para ahuyentar a los Dementores nombrados el “Encantamiento Patronus” será ineficiente. Una pésima señal.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s