La botella Nº 145: “Inteligencia Artificial + Inteligencia Natural = Inteligencia Híbrida”

IA vs IN

Llevo muchos años divulgando la ciencia y promoviendo la innovación. La inteligencia y el progreso se abren paso con pocos artificios y para transmitir el conocimiento básicamente es necesario tener la habilidad para cambiar. Algunos cambios plantean conflictos que la ciencia no puede resolver. Y hoy quiero compartir el dilema de la creación de valiosos algoritmos de predicción de enfermedades que, usando la Inteligencia Artificial y datos de ADN, son capaces de detectar un cáncer, una diabetes o un Alzheimer a tiempo para tratarlos con éxito… o convertir la vida de cualquier persona en un verdadero infierno.

Creo que la mayoría sabe perfectamente quién es Sergey Brin. Siendo cofundador de Google es imposible pasar desapercibido. Su exmujer Anne Wojcicki es menos conocida, aunque en los círculos de emprendimiento es una de las estrellas emergentes. La fundadora de “23andMe” está generando varios millones de dólares con su polémico proyecto empresarial. Su Start-Up se dedica a la investigación de nuestro ADN y ofrece kits de pruebas personales a 99 dólares para encontrar enfermedades genéticas comunes. Más de 3 millones de personas ya han escupido en los kits de “23andMe” para saber cosas sobre sus vidas. Hasta aquí todo parece perfecto… pero quizás no lo sea tanto.

Los ingresos que obtienen las empresas como “23andMe” nada tienen que ver con el coste unitario de los kits que venden. Lo que aporta dinero es la venta de datos de sus usuarios a farmacéuticas y laboratorios de investigación. El año pasado, la empresa “Genentech” pagó 10 millones de dólares a “23andMe” por sus perfiles genéticos de enfermos de Parkinson. Ahora la empresa “Genentech” está desarrollando una aplicación de Inteligencia Artificial que analiza los datos de ADN que acumula la empresa para crear eficaces algoritmos de predicción de enfermedades, capaces de detectar un cáncer, una diabetes, un Alzheimer o Parkinson a tiempo para tratarlos con éxito.

A priori es un objetivo muy noble. La aplicación de la Inteligencia Artificial en el sector de la salud es muy positiva: historias clínicas electrónicas con insospechadas posibilidades, sistemas para tratamientos estadísticos para la toma de decisiones médicas, procedimientos de aprendizaje basado en agentes inteligentes para el diagnóstico de diferentes trastornos, etc. Asombra por la variedad de aplicaciones.

Pero “poderoso caballero es don dinero” y hay ciertos indicios, rumores y temores de que no será la sanidad la única beneficiaria. Es probable que estos algoritmos serán utilizados por distintas entidades financieras, aseguradoras de todo tipo y las empresas de recursos humanos para especular con la salud de millones de personas, denegar pólizas a personas perfectamente sanas y discriminar a los aspirantes a puestos de trabajo anticipando una posible baja por enfermedad.

Por ejemplo, cualquier persona joven y sana cuyo perfil genético indique tendencia a sufrir un cáncer será víctima de una terrible discriminación. No podrá acceder a determinados puestos de trabajo, le pueden denegar prestamos e hipotecas y no pagará lo mismo por un seguro médico que otra persona cuyo perfil es desconocido. Aunque nunca desarrolle el cáncer, saber que podría tenerlo habrá limitado su vida de forma preventiva, ¡solo porque una empresa ha compartido, vendido o perdido esa información!

Me sorprende la cantidad de empresas que tienen disponible en la Red las bases de datos con ADN recogido en las que se prevé la cesión y la venta a terceros de toda la información que contienen. Aunque en sus páginas WEB estas empresas hablan de anonimato, advierten que la huella genética de sus usuarios podrá ser revelada a terceros en determinados casos. Los expertos nos dicen que es muy importante leerse qué hacen con nuestros datos, pero no es ninguna garantía de estar a salvo.

Las empresas que venden información basada en nuestro ADN a farmacéuticas y laboratorios de investigación aseguran que los datos de la web son propiedad del usuario y que, en cualquier momento, los puede borrar. Dicen que, si el usuario está preocupado, por ejemplo, por el uso no genealógico de su ADN, no debería subirlo a la base de datos. Y, si lo ha hecho, lo debería borrar. Solo que, para poder borrar tu ADN de una base de datos, tienes que saber que existe.

Aquí muy llamativo es el caso del asesino de Golden State. Los agentes usaron información disponible en “GEDmatch” para detenerle. Es una web comunitaria, abierta y pública, creada por dos aficionados en 2011 y financiada con donaciones a través de PayPal. Las muestras son compartidas voluntariamente por personas que buscan conocer sus ancestros, encontrar a sus padres biológicos o descubrir familiares lejanos para completar sus árboles familiares.

El asesino no era un tipo tonto, era ex-policía y nunca habría compartido su ADN en ninguna base de datos, privada o pública. Cuando subieron su muestra para cotejarla con el ‘dataset’, los detectives encontraron la huella genética de un primo segundo. Coincidía lo bastante para que un genealogista genético usara un árbol genealógico completado con bases de datos públicas (censos, registros eclesiásticos, obituarios y redes sociales) y aplicando “genealogía inversa” llegara hasta el asesino. Primero redujeron el número de investigados hasta llegar al principal sospechoso. Una vez localizado en su casa de Sacramento, los detectives sacaron muestras de su basura para cotejarlas con la prueba. Los primeros resultados confirmaron su culpabilidad.

Cabe preguntarse cuántos millones de personas son identificables sin saberlo gracias a las aportaciones de sus primos lejanos a los servidores de empresas como “23andMe”, “Ancestry”, “Helix”, “MyHeritage”, “Family Tree DNA”, “Orig3n”, “GEDmatch” o “Parabon”. Y cabe preguntarse también cómo sería nuestra sociedad si los algoritmos de cálculo de riesgo de enfermedades se usen para optar por un empleo, solicitar un préstamo o contratar un seguro. Parece ciencia-ficción, pero no lo es. De hecho, ya está pasando en algunos países.

Son peligros reales que hay que conocer para evitar lamentar luego. El desarrollo de la Inteligencia Artificial constituye uno de los campos interdisciplinarios y transfronterizos donde convergen muchas ciencias. Los intentos por comprender la inteligencia, tanto natural como artificial, siempre conducen de manera lógica a la problemática de la construcción de modelos y teorías sobre procesos mentales y cerebrales.

La única apuesta ganadora es el desarrollo equilibrado de la Inteligencia Hibrida. Y debemos hacerlo siempre a partir del análisis, diseño y evaluación de conductas inteligentes como el reconocimiento y clasificación de patrones, el razonamiento desde las premisas hasta las conclusiones y el aprendizaje a partir de la experiencia, incluida la nuestra como sociedad civil. Es mejor apostar desde principio que estas dos formas de inteligencias coexistirán pacíficamente y que luego, quizás, se separarán por diferentes caminos.

Conseguir que las “máquinas” piensen como el humano no tiene mucho sentido. La inteligencia artificial no es más que una herramienta sofisticada y someterse a su dictadura sería una gran estupidez. En fin, “las verdades que revela la inteligencia permanecen estériles. Sólo el corazón es capaz de fecundar los sueños”. Lo dijo hace tiempo Anatole France.

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