La botella Nº 138: “La innovación empresarial… según Stravinski”

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Recuerdo como mi abuelo me contaba sus conversaciones con Ígor Stravinski, recuerdo en su escritorio las viejas fotografías y las partituras firmadas por el célebre compositor ruso, uno de los personajes más importantes y trascendentes del siglo XX. El cambio que introdujo Stravinsky en la poética musical era tan innovador que cambió la enseñanza musical actual en búsqueda constante de nuevos descubrimientos. Este cambio tiene mucho que ver con un nuevo concepto de empresa y la economía digital. “Seguir un sólo camino es retroceder” afirmaba el músico…

Mi larga trayectoria como gestor de la I+D+i me ha demostrado que la innovación es inseparable de la imaginación. Gracias a la imaginación aplicada a la innovación el capital cambia el sistema productivo. En momentos de avances vertiginosos el tejido empresarial introduce la innovación como un valor cultural sin que esta tenga que ser necesariamente de base tecnológica.

Como revolución socioeconómica del siglo XXI se puede considerar la aparición de empresas “unicornio” a través de un atajo evolutivo sin haber pasado por la industrialización. Es un hecho real. Pero no es el único camino. El otro que estamos descubriendo ahora es más social, emocional y está relacionado con la ética empresarial. Resulta que es rentable para las empresas a medio y largo plazo estimular la capacidad de soñar, imaginar, crear e innovar de sus empleados. Junto a la formación y el conocimiento, la “humanización” de las relaciones laborales es el camino imprescindible para desenvolverse con solvencia en un mundo hiperconectado e hiperdigitalizado.

Prácticamente la totalidad de mis colegas coincide en afirmar que, para 2030, los robots se ocuparán de muchos de nuestros trabajos, si bien las ideas sobre el impacto que el avance en la inteligencia artificial y la robótica tendrá sobre las empresas, son distintas. Creo que por mucho que avance la tecnología, hay cosas que las maquinas nunca serán capaces de hacer: todo aquello que requiera creatividad, capacidad de síntesis emocional, resolución de problemas de forma no estandarizada, gestión de la innovación y la I+D+i.

Un claro ejemplo es el reciente intento de descifrar el “Códice Voynich” utilizando la inteligencia artificial. Descubrir a través de un sofisticado algoritmo la lengua en la que está escrito el misterioso libro es solo un paso. Descifrar su contenido puede solamente el hombre, capaz de interpretar las ambigüedades humanas en el lenguaje basadas en las emociones y expresadas con sintaxis y juego de palabras.

Sin duda los robots y la inteligencia artificial nos ayudarán a libramos de las tareas más tediosas para que podamos centrarnos en trabajo del conocimiento donde realmente podemos marcar la diferencia. Los avances tecnológicos permitirán a los empleados dejar de hacer tareas mecánicas y repetitivas para poder invertir toda su atención y energía en cosas creativas. Es la “evolutiva revolución” que nos está enseñando el nuevo camino que puede ser paso decisivo en el desarrollo cultural y económico de la empresa moderna.

Desarrollar la creatividad es imposible sin fomentar la parte emocional de cualquier proyecto. Quienes no desarrollen la innovación social emocional para desenvolverse en el día a día, para establecer lazos y conexiones y obtener visibilidad dentro y fuera del mundo empresarial, estarán condenados al olvido, como antaño les pasaba a los analfabetos del siglo XX.

Una de las características de la música es su universalidad decía Stravinski. A pesar de la ausencia de palabras que expliquen la acción, a nadie le puede resultar ajeno el sentido que transmite el compositor. Pero es imposible definir una tabla de equivalencias entre emociones y formalización musical. La expresión artística es infinita como infinita es la innovación en el mundo empresarial.

De manera que la música evoca emociones, no lo hace estirando notas, sino que utiliza un lenguaje musical, el emprendedor pone a prueba su innovador producto a través de las reglas claras del mercado. De la misma forma es imposible aislar una emoción en toma de decisiones, pero las decisiones deben basarse en un patrón de rentabilidad. Rentabilidad creativa, no primitiva.

El coste de oportunidad lanzando un negocio que se adelanta al futuro no siempre se calcula como la diferencia entre el valor de la opción elegida y el valor de la mejor opción no realizada. Apostar por dar soluciones a los retos que plantea la evolución a través de la innovación es una necesidad. Y aquí el factor humano es la clave. Encontrar el talento es más difícil que obtener la financiación.

Es llamativa la cantidad de los lazos que estableció el compositor ruso con las grandes figuras del siglo XX: desde Sergei Diaghilev y Coco Chanel, hasta Michel Fokine, Léonide Massine, George Balanchine, Pablo Picasso, Jean Cocteau y André Gide. Un universo de talentos. Quizás es también una parte de la respuesta para conseguir algo realmente grande: buscar tus propias referencias, aquellas que te apasionen, rodearte de gente a la que admires, gente mejor que tú, y aprender de ellos.

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