La botella Nº 136: “Noche de Paz… storytelling & something more”

Noche de Paz

Érase una vez en Alta Austria un joven poeta llamado Joseph Mohr y un organista llamado Franz Gruber. Se juntaron una fría noche de duro invierno austriaco para componer un villancico que dos siglos después miles de millones de personas cantan en más de 300 idiomas. “Noche de Paz” es el himno universal de la paz por antonomasia, bien cultural y legado musical que ha traspasado fronteras de cinco continentes, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. ¿Queréis saber cómo se extendió por todo el mundo este villancico sin YouTube, sin Twitter y sin Facebook?

El poeta Joseph Mohr era un joven coadjutor nacido en Salzburgo que escribió en 1816 las conmovedoras estrofas del poema “Noche de Paz”. Vivía en Mariapfarr, que se encuentra en Lungau, muy cerca Salzburgo. Dos años más tarde en 1818 conoció al organista y maestro Franz Xaver Gruber, a quien entregó su poema para que el músico le pusiera la melodía. Cuando las partituras y el verso encontraron la forma de un villancico, los dos lo interpretaron por vez primera en la iglesia de San Nicolás de Oberndorf. Ahí hay un museo de Noche de Paz y una capilla conmemorativa.

Gracias a Carl Mauracher, organero del valle Zillertal, la canción llegó pocos años después al Tirol. Y a principios de la década de 1830 los cantantes tiroleses la convirtieron en la “canción del invierno”. Eran familias de campesinos con dotes musicales que viajaban por toda Europa con vendedores ambulantes y actuaban ante un público para atraer a posibles clientes y animar las ventas. Los más famosos tiroleses que difundieron “Noche de Paz” por todo Europa fueron los hermanos Strasser y los cantantes Rainer.

La canción siguió difundiéndose año tras año. Como la pólvora corrió por todos los países. El villancico “Noche de Paz” y se hizo mundialmente conocido. Desde Zillertal hasta Rusia, pasando por el valle del monte bíblico Ararat llegó a China y luego alcanzó las dos Américas. Y gracias a los misioneros llego también hasta África. Los inmigrantes europeos huyendo de la hambruna y conflictos bélicos trajeron Noche de Paz a Australia y Nueva Zelanda. En la actualidad no hay prácticamente nadie que no conozca esta contemplativa melodía. Ningún ambiente navideño es imaginable sin estas letras y esta melodía.

¿Cómo consiguió este villancico crear su propia marca y el rotundo éxito mundial en la época sin Internet y Redes Sociales? Personalmente creo que Noche de Paz triunfó por aglutinar tres factores claves para cualquier éxito empresarial:

  1. Un contenido verdaderamente útil, ansiado y preciado: (un mensaje pacífico)
  2. Un canal de transmisión cultural en auge: (el canto popular)
  3. Un fenómeno biológico esencial: nuestro cerebro almacena todas las melodías conocidas y da preferencia aquellas que encajan con los patrones con los que ya está familiarizado (una melodía “pegadiza”)

Resumiendo en terminología actual de la international Business School podemos decir que Noche de Paz cumple con la necesidad de las marcas de captar la atención de los clientes. Y para eso hace falta vender algo más que un producto. En la economía de la atención plenamente vigente, se busca entrelazar la emoción con sus valores y sus conceptos a los que se asocia, qué ha logrado hacer algo que otros no han conseguido, qué está ganando la confianza de más gente, por qué comunica determinadas cosas, por qué hace las cosas así y no de otra manera…

Aparentemente es un ejemplo más del famoso storytelling estratégicamente definido, bien articulado en su comunicación multicanal y coherente en mensajes y contenidos. En definitiva, un relato corporativo y de marca en un trigón ganador: música de calidad + letra con sentido + momento oportuno.

Pero la ironía de todo este asunto es que, por mucho que la terminología vaya generando novedosos discursos, el público retail, o sea nosotros, lo que es decir nuestros cerebros, no cambian (o lo hacen muy lentamente). Por lo tanto, el mainstream, el punto de convergencia que nos pone de acuerdo a la hora de saltar de alegría o nos arroja al borde de las lágrimas, son el mismo tipo de canciones. Y el mismo talento para aplicar la ciencia a las partituras, buscando la “matemática melódica”, que consiste en la perfecta fusión entre letra y melodía. El resultado siempre es un éxito.

Dicen que uno de los principales retos de la tecnología es que las maquinas consiguen tender puentes entre los dos puntos anteriores: conocer en profundidad los mecanismos de respuesta emocional del cerebro para aplicar a las emociones los algoritmos que lo someterán por completo al control. El reto que los humanos todavía dominamos mucho mejor que los robots. Pero quizás por poco tiempo.

Con los programas que traducen en matemáticas las canciones de éxito, es factible extraer un algoritmo común que multiplique las posibilidades de un exitazo musical. Pero si lo pensamos en profundidad, de este mismo modo se podrá abrir la Caja de Pandora donde la publicidad sería un mal menor comprando con los mensajes que nos podrán introducir directamente en el subconsciente… las máquinas de la inteligencia artificial.

¡Feliz Navidad Amigos!

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