La botella Nº 131: “¡Ella se ha casado consigo misma!”

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La película “Annie Hall” es inolvidable por muchos motivos. Especialmente por los diálogos entre Woody Allen y Diane Keaton. Una de las frases del genio neoyorquino es imposible de olvidar: “No te metas con la masturbación. Es hacer el amor con alguien a quien yo quiero”. Algo parecido debió pensar la primera mujer italiana que se ha casado consigo misma.

Se llama Laura Mesi, tiene 40 años, y es entrenadora en un gimnasio en Lissone. Vive en la provincia de Monza, en el norte de Italia. Despues de descartar compartir su vida con alguien, Laura llegó a la conclusión que mejor compañía es uno mismo. Y se lanzó a la fama casándose consigo misma. Más vale una mala boda, que un buen entierro. Pero quizás no es mala en absoluto…

Laura Mesi maduró esta idea hace 2 años, tras una historia de amor que duró 12 y que se concluyó con sufrimiento y desilusión. Según sus propias palabras, si al cumplir los cuarenta años no había encontrado a su alma gemela, se casaría sola, consigo misma. Laura insiste que se puede vivir una fábula sin un príncipe azul. Su felicidad ya no dependerá de nadie más. Si en el futuro ella encuentra un hombre con el que proyectar una vida en común durante algún tiempo, estará contenta, pero nada más. Y como el amor no tiene cura, pero es la única medicina para todos los males, sonaron campanadas de la boda. Eso sí, sus padres han instituido que la boda debe ser tradicional.

Laura invitó a 100 familiares y amigos, llevó vestido blanco adornado de brillantes Swarovski, velo de tul, se dirigió hacia el celebrante acompañada del brazo por su hermano mientras sonaba la marcha nupcial de Mendelssohn, hubo tarta de tres pisos y, para cumplir con la tradición, tiró también su precioso ramo de flores. No le falto de nada, fue una boda tradicional. El papel de la novia y del novio asumió ella solita.

La ceremonia de la boda fue presidida por un amigo (clérigo compulsivo), quien se colocó incluso la tradicional banda tricolor verde, blanco y rojo, como la bandera italiana, al igual que se hace en el rito civil de las bodas. Laura asegura que sintió una emoción real durante la ceremonia, en la que no podían faltar las promesas. La de Laura sonó así: «He prometido amarme para toda la vida y de acoger a todos los hijos que la naturaleza quiera donarme”.

También sus amigos han sido muy felices. Hasta su hermano, quien era escéptico al inicio sobre su idea de casarse consigo misma, después ha acabado por conmoverse cuando ha acompañado a Laura al Altar. Y yo me pregunto, ¿de veras se necesita el novio o la novia para pasarlo bien en una magnifica boda italiana?

He comenzado esta historia con una frase de Woody Allen. Y he decidido también acabar con otra de sus frases: “Algunos matrimonios acaban bien, otros duran toda la vida”.

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