La botella Nº 113: “Lo sé que no vendrás…”

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Me apasiona la poesía latinoamericana del siglo XX. Expone de manera literaria casi todas las turbulencias del siglo XX: políticas, económicas, sociales e emocionales. Quizás es uno de los mejores espejos que refleja la complejidad del ser humano, que con tanto acierto resumió Milan Kundera: La insoportable levedad del ser. Con los años comprendo cada vez más la triste sabiduría de la naturaleza humana, aquello que se genera desde la profundidad de los sentimientos: la turbulenta alegría de la vida, la pasión del sentimiento volátil, el eterno cariño del amor…

Plasmar con palabras la experiencia sentimental en forma de poesía solo es posible a base de sufrimiento y soledad. Pero hacerlo con sabiduría convierte la tristeza de la soledad en una invitación a explorar la naturaleza del individuo, sus aciertos, sus errores, sus amores y desamores. No es necesario sentirse siempre identificado con las palabras escogidas por estos poetas. Bastaría con conocer su inmensa profundidad y el contradictorio carácter, su capacidad artística de convertir la pragmática biología en puro arte, y por ende, también en riquísima expresión de su alma…

Hoy quiero rendir mi particular homenaje a uno de los grandes representantes del conjunto poético latinoamericano, a mi querido y respetado Mario Benedetti. El poema que he escogido hoy se titula “Te espero”:

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas,
lo sé, sé que no vendrás.

Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
sé que ya no estás.

Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor,
pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.

Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tú allá,
yo aquí,
añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.

Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
y la Luna oculta ese Sol tan radiante,
me siento sólo, lo sé;
nunca supe de nada tanto en mi vida,
sólo sé que me encuentro muy solo,
y que no estoy allí.

Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.

Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tú,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?,
te preguntarás…
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,
porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no sólo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo sólo así?
¿Por qué no sólo…?

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