La botella Nº 110: “El monje que se compró un Ferrari”

puddicombe

El monje que se compró un Ferrari es la emotiva historia sobre un sugerente viaje del ascetismo espiritual hacia la abundancia material. Gracias a la meditación Andy Puddicombe fundó una exitosa empresa valorada en 30 millones de euros. Lejos de esperar cuando el ayuno, las plegarias y la providencia le descubran su particular momento “¡Eureka!”, nuestro emprendedor convirtió el propio camino de la búsqueda de la felicidad a través de la meditación en generador de la riqueza y de una pasta gansa. ¡Olé!

Dicen que entender el momento presente y no dejarse distraer por los pensamientos es la cualidad necesaria para ser un monje. Y para ser multimillonario también. Mi flamante protagonista llegó a esta brillante idea practicando el sexo tántrico y carnal con su joven y sexy amiga, muy interesada en el budismo. Pero dicen algunos cínicos que la amiga de Andy empezó interesarse más por el matrimonio que por el Buda. Al sentirse un hombre inacabado en palabras de Zsa Zsa Gabor y para no terminar de ser acabado por completo pasando por el altar, nuestro héroe Andy rápidamente se marchó del país y se hizo monje.

Así fue como el muchacho de 22 años, abandonó sus estudios y puso rumbo a Asia. Fue ordenado monje tibetano. Durante largos y llenos de sacrifico 10 años pasó de monasterio en monasterio entre el Tíbet y el norte de India. Políticamente correcto sería decir que esta experiencia espiritual le cambió la vida, le hizo ser más amable, calmado y compasivo. Pero la verdad es que el retiro espiritual le espabiló aún más y le enseñó que los verdaderos valores están en ahí, en su Londres natal.

Andy empezó a interesar el futuro porque es el sitio donde iba a pasar el resto de su vida. Y antes de la vigorosa fusión de la sabiduría espiritual de Oriente con los principios del éxito occidentales, nuestro monje descubrió que la meditación y las nuevas tecnologías tienen mucho en común: facilitan la conexión del mundo espiritual con el mundo material.  El resultado es “Headspace”, una app de pago evidentemente (a los pobres que les den por culo) que ayuda a meditar. Ah, nuestro chico es muy listo: nada de pagar una sola vez. La espiritualidad es como la nicotina y los adictos a la fe deben soltar 12 euros al mes + los impuestos.

Desde su lanzamiento, se ha descargado en 150 países, acumula seis millones de usuarios y está valorada en casi 30 millones de euros. Meditar no sólo permite estar más calmado y cómodo con uno mismo, también estar tranquilo ante la volatilidad de los mercados. Con el asesoramiento oportuno de la banca privada de La City las ansiedades desaparecen sin dejar ni mas mínimo rastro.

Ahora ex monje Puddicombe quiere compartir su mensaje con los niños, por lo que su compañía ha lanzado Headspace for Kids. Para los niños de las familias con recursos claro está. Los otros no forman parte del target group. Su nuevo proyecto empresarial está orientado a niños de 5 a 12 años y tiene como objetivo mejorar su concentración, amabilidad y calma. Es fácil convencer a los padres yupi que los más pequeños padecen el estrés y la depresión desde su nacimiento. Y además la promoción del mensaje de “mejor unidos que divididos” vende y mucho. Si añadimos las palabras de Dalai Lama que “si todos los niños menores de 8 años meditasen, no habría guerras en el futuro”, tenemos un producto redondo. “Una cautivadora historia que enseña y deleita al mismo tiempo” en palabras de Paolo Coelho…

 

 

 

 

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