La botella Nº 79: “El colchón que detecta infidelidades: ¿innovación o degradación?”

Colchón

Mi actividad profesional está relacionada estrechamente con la promoción de la innovación, el desarrollo de proyectos en materia de I+D+i, transferencia de tecnología y formación universitaria. Dirigiendo durante muchos años una de las primeras spin-offs universitarias de nuestro país, tengo suficiente experiencia y una visión bastante positiva sobre talento de los jóvenes universitarios españoles.  Con satisfacción puedo constatar que en España sí se innova, especialmente en los círculos universitarios. Actualmente hay en torno a 1.500 start-up de base tecnológica en marcha, que ofrecen productos y servicios competitivos a pesar de una legislación anticuada, la actuación mejorable de la administración pública y falta constante de recursos financieros. Pero son problemas que tienen solución. Mucho peor es la moda actual y muy dañina de “emprender por emprender”. Incluso me recuerda en ciertos rasgos la burbuja del ladrillo. He aquí un ejemplo de la “estupidez que insiste siempre” en palabras de Albert Camus…

El filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset decía que “la mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual muy superior al ejercicio que hacen de ella”. Me acordé de esta frase cuando hoy me presentaron el dossier “El colchón que detecta infidelidades” como el producto estrella de unos jóvenes emprendedores que confían ciegamente en el éxito de su idea dentro y fuera de nuestras fronteras. Por ética profesional no mencionaré ni sus nombres ni la empresa que crearon, limitándome a razonar dentro del marco de sentido común que adapta los medios a los fines.

Dicen estos emprendedores que los españoles estamos entre los más infieles de Europa. Al parecer todos tenemos una media de 2,3 aventuras anuales. Lo del “0,3” supongo será por las “relaciones sexuales incompletas2 según la terminología de Bill Clinton. Asombrosamente ésa fue la idea que se consideró suficiente como base para inventar un colchón que fuera capaz de detectar y avisar de que se está desarrollando una actividad sexual sobre él. Cuenta con 24 sensores ultrasónicos distribuidos en cuatro filas colocados en el interior del colchón, aprovechando los conos de los muelles. Un algoritmo se encarga de determinar si los movimientos que detecta se corresponden con actividad sexual. Cuando la detecta envía una alerta al usuario al móvil, que puede abrir la App para comprobar el movimiento, la intensidad etc., grabando todo en un historial. Los sensores y el módulo de comunicación se alimentan con una batería extraíble oculta en la parte de la cabecera que tiene una autonomía de una semana y se carga por USB.

Los orgullosos emprendedores insistían en la presentación que la clave está en identificación de la actividad. Para evitar falsas alertas cuando se sube una mascota a la cama o cuando se sienta cualquiera sobre el colchón han hecho varias pruebas, llegando a asegurar que incluso su “supercolchón chivato” es capaz de detectar diferentes posturas o incluso tríos que según ellos han probado (no especifican si practicando o solo imitando) “para ver cómo respondía el sistema”. Pensé preguntarles si su invento puede también distinguir entre una relación heterosexual u homosexual, pasando por masturbación o intercambio de parejas, pero mirándoles detenidamente pensé que no comprenderían nada. Qué pena me daban. A continuación los orgullosos y flamantes emprendedores daban paso a la información comercial: por módico precio de 1.550 euros para el de 135 x 190 y los 2.050 euros para el de 150 x 200 centímetros. Ofrecerán facilidades de pago, seguro. La cuestión es encontrar suficientes idiotas para vendérselo a ellos…

Me gustaría ver a aquella pareja que decida comprar este “ejemplo de emprendimiento 100% español”. Simplemente querría mirarles atentamente a los ojos: ¿se enamoraron vía App Muapp (una aplicación para móvil donde las chicas pueden saber si sus ligues hablan con otras mujeres y viceversa a través de diferentes apps)? No tengo estadísticas sobre la infidelidad en el territorio nacional aparte de la proporcionada por los genios colchoneros, pero España es uno de los países más entusiastas con este tipo de aplicaciones. ¿Ha muerto definitivamente el flechazo? Ahora los pretendientes se convierten en candidatos. Incluso están de moda los “love coach” que “te aportan las herramientas emocionales necesarias para formar una buena pareja en tres sencillos pasos”. Y no estoy de guasa. En España ya existe la Asociación Española de Profesionales del “Love Coaching”…

Enamorarse y flirtear se parece cada vez más a una selección de personal. Hasta el impulso inicial queda mediatizado por una aplicación. ¿Sin sorpresas se ama mejor? ¿La garantía de felicidad y compatibilidad sexual de la pareja se asegura espiando incluso en la cama común? ¿Qué clase de personas compararían un colchón como éste? Aunque pensándolo bien ya no me extrañaría nada. Hace poco leí que los estadounidenses empezaron a incluir en sus primeras citas una pregunta sobre la calificación de crédito del otro. Para facilitar la cosa, hasta hay una web, CreditScoreDating.com, cuyo lema lo deja claro: “Where Good Credit is Sexy and It All Starts With a Number”. Pronto vamos a pedir explicaciones sobre la situación económica durante la primera cita aquí también. Hasta preguntar por enfermedades de transmisión sexual me parece más romántico…

Los jóvenes de ahora descubren que la convivencia es en sí un riesgo para la pareja. Y tanto. Desde la época de Adán y Eva. Pero la solución que se propone es de las más estúpidas: “living apart together” (tú en tu casa y yo en la mía diríamos aquí). ¿Será el colchón espía para ellos? No lo sé. Motivos por los que “tu pareja no debería abrir tu perfil de Facebook” no les faltan. Que las parejas se vigilan en las redes es de una evidencia. Se maneja la cifra de 30 millones de divorcios cuyo detonante habría sido el uso de esa red social. Y qué decir de Instagram: hay que retransmitir el devenir de tu relación en directo.

En fin, la estupidez afecta a todos los estados civiles, con características sociodemográficas y de actitud diferente, los emprendedores incluidos. Los nuevos retos de la época del elogio más directo al egocentrismo tratan de cubrir con redes sociales el hueco que deja cada vez más escasa “vida en pareja”. Probablemente no existe relación capaz de satisfacer todas nuestras necesidades afectivas o emocionales. Pero por lo menos el uso de la tecnología no debe vulnerar nuestra privacidad y unos límites saludables que permitan disfrutar de ella sin romper el equilibrio y el bienestar. Y el criterio más elemental para ello sería el respeto mutuo. Ni más, ni menos.

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2 respuestas a “La botella Nº 79: “El colchón que detecta infidelidades: ¿innovación o degradación?”

  1. Solo me pregunto, en qué momento se les ha ocurrido está feliz idea? Donde han visto o imaginado la necesidad de tal invento? Acaso nuestra vida tiene que estar monitorizada en todos los aspectos? Nos estamos quedando cada día con menos libertad, con esa sensación de asfixia debida a la vigilancia de las nuevas tecnologías. Realmente no era suficiente padecer el estricto control de los vecinos cotillas, o de los compañeros de trabajo, familiares que hurgan en tus asuntos más insignificantes? En fin, cuál será el próximo invento? El inodoro que cuenta las veces que vas al baño?!

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