La botella Nº 76: “Enta omry de Umm Kuthum y tres espías.”

Muchas veces las historias cortas llegan a eclipsar a sus protagonistas. Recordamos el hecho, pero no a sus autores. Y vivirlas así en primera persona es una experiencia maravillosa. No temes que alguien te reconozca, el anonimato te permite el grado de relajación sublime. Para mí no es una cuestión de prioridades, es una cuestión de emociones. Cuando vives intensamente lo importante no es que tu papel sea grande o pequeño, sino qué recuerdos te deja con el paso del tiempo. Accedí a contar esta historia por petición de una amiga mía. Aunque los pocos nombres que utilizaré serán inventados y las fechas carecerán de lógica cronológica, el papel de sus protagonistas podría despertar el interés poco sano de algunas personas. Así que para no complicar la vida de mis antiguos amigos y garantizar su anonimato mi relato será abreviado.

La virtuosa voz de la “faraona” egipcia Umm Kuthum suavemente envolvía todos los rincones del aquel céntrico local del Barrio de las Letras. Sonaba la hermosa canción “Enta omry” que se traduce al español como “eres mi vida”. Era muy larga y lenta. Su ritmo melódico se mezclaba con el aroma del té con hierbabuena, acompañado por el dulce baklava junto con el olor a “narguile” que inundaba aquel oscuro local, un antiguo almacén convertido en un Salón de Té. Su dueño, Mohamed, era un personaje curioso, poliglota y parlanchín. Ciudadano egipcio de origen iraquí con el paso firme de un militar curtido en la academia castrense. Al saludarle yo y mi amigo de entonces, un extravertido profesor universitario, siempre le preguntábamos por la salud de Sadam Hussein. Y el amante del té y de la música egipcia sonriendo nos decía moviendo sus grandes bigotes: “Inshallah muy bien. Os he echado de menos. ¿Dónde estabais metido estos días?’ “En la Universidad querido habibi”, decíamos la verdad nosotros…

Aquel día yo estaba muy cansado, ni si quiera tenía ganas de hablar con la gente. Me acomodé detrás de una mesita escondida en la oscuridad y cerré los ojos intentando descansar un poco. Mientras tanto mi amigo se marchó a entablar una conversación con la espectacular novia del dueño del local, cosa temeraria desde mi punto de vista. Yo disfrutaba del té y de la soledad. La voz de Umm Kuthum me decía:

Tus ojos me llevaron a aquellos días que se han ido,

Me enseñaron a arrepentirme del pasado y sus heridas.

Todo lo que mis ojos vieron antes de conocerte a ti, fue una vida perdida.

¿Cómo podría considerar esa parte de mi vida?

En la mesita de alado y de espaldas a mi estaban hablando en francés dos hombres de unos sesenta años. Les oí decir: “Estaba entonces al mando del OAS Raul Salan?”. “Sí” le contesto su interlocutor. “El piso del viejo pintor en la quinta planta del número 86 de Rue du Faubourg Saint-Honoré señalo personalmente él. Fuimos a ver a aquel viejo pintor y mientras “Charli”, “Bravo” y “Tango” le compraban los cuadros, yo confirmé que las escaleras del Palacio del Elíseo estaban al alcance de un buen rifle. Marcel Lizzie era el mejor francotirador del grupo de Bertolini”.

Con tu luz comenzó mi amanecer

Toda mi vida anterior a ti se ha perdido.

Es un pasado desperdiciado, mi amor.

Mi corazón nunca fue feliz antes de ti

La conversación siguió su ritmo: “¿Entonces faltaban solo dos meses hasta la declaración de la independencia de Argelia?” pregunto uno de ellos. “Sí, era mayo del 1962”. Tenían que matar a CDG ante de 1 de julio. Bertolini también estaba entonces en Paris, se alojó en el Hotel “Bristol”. Recibió la bazuca por correo, en la caja ponía que era pieza del motor izquierdo de “Cometa”. “¿El de reactor comercial?” volvió a preguntar el primero. “Sí, así es”.

Yo solo había visto dolor y sufrimiento.

Sólo ahora he comenzado a amar la vida.

Y sólo ahora me preocupo de que se me escape la vida.

Toda la felicidad que anhelaba antes de ti

“La trajeron directamente desde el aeropuerto de Orly. El mismísimo Jean-Jacques Susini estaba detrás del envío. Él odiaba a CDG y juró matarle como a un perro rabioso”.

Mis sueños la encontraron en la luz de tus ojos.

Oh, corazón de mi vida…

Eres más preciado que mi vida.

¿Por qué no te conocí tiempo atrás?

Mi amigo volvió con la novia del singular dueño del local y empezaron a bromear y a reírse los dos. Maryam criada en Francia en el seno de una familia marroquí estaba como un tren. O como un queso. O como un ángel de Victoria’s Secret. Nada de “moderación” en su forma de vestir. Y era más lista que el hambre. Era muy rara aquella pareja. Yo siempre tenía la sensación que compartían no solamente el amor por el té, también el oficio de su novio. Pero no tenía ninguna evidencia y me importaba un bledo que hacían los dos, la verdad…

Todo lo que mis ojos vieron antes de conocerte a ti, fue una vida perdida.

¿Cómo podría considerar esa parte de mi vida?

Con tu luz comenzó mi amanecer.

Las hermosas noches, el gran amor.

Mi amigo y Maryam se levantaron de nuevo y desaparecieron en la oscuridad de la barra. Yo intrigado por la conversación de al lado, seguí escuchando. Ahora estaban acompañados por un hombre más viejo y la conversación seguía en inglés con un claro acento francés. “Fue el 18 de mayo cuando les cogimos en el piso franco. El atentado contra De Gaulle era inminente, le dábamos más de 90% de éxito, fue abortado gracias al hombre que teníamos en OAS. Ya sabes, luego o otros dos les dieron asilo aquí en España y hemos quedado con el culo al aire. Y con acuerdos de Madrid poco margen quedaba para hacer el nuestro trabajo”.

Por un largo tiempo mi corazón cuelga de ti.

Prueba el amor junto a mí, poco a poco,

Desde el cariño de mi corazón que ansía el cariño de tu corazón.

Acerca tus ojos, para que los míos se pierdan en la vida de los tuyos.

La voz de mi amigo se hizo más fuerte y en un instante apareció de nuevo. “¿Estas preparado para ir a ver a Cudin? Está completamente pirado el carbón, no invierte ni un duro en el local, pero lo tiene a rebosar. Entre él y su hermano tienen el edificio entero y no se hablan entre ellos por no ponerse de acurdo si lo venden o no”.

Acerca tus manos, para que las mías descansen en las caricias de las tuyas.

Mi amor, si tú vienes, ya es suficiente.

Lo que perdamos no será pequeño, oh, amor de mi alma.

Todo lo que mis ojos vieron antes de conocerte a ti, fue una vida perdida.

¿Cómo podría considerar esa parte de mi vida?

Con tu luz comenzó mi amanecer.

Tú eres más preciado que mis días.

Eres más hermoso que mis sueños.

Llévame a tu dulzura.

Sácame del universo.

Llévame lejos, lejos.

Lejos, tu y yo, solos.

La cantante Umm Kuthum seguía cantando, seguía sufriendo, seguía amando. Las palabras de su famosa canción solo se puede entender con los años dirá años más tarde una persona muy especial para mi. Pero esto pasará mucho después. Aquel entonces mis enigmáticos vecinos se levantaron de la mesa para marcharse. Nada despertaba atención en sus rostros. Completamente “normales”. Tranquilamente podrían ser maquinistas de TGV, funcionarios de correos o jubilados de Renault.

Con amor nuestros días despertarán.

Pasamos las noches anhelándonos.

Me reconcilié con mi vida por ti.

Perdoné al tiempo por ti.

Contigo olvidé mi dolor, Y olvidé mi miseria.

El dueño del salón de té se acercó para acompañarles personalmente hasta la salida del local. Sin darme cuenta cómo, sentí a mi lado la presencia de alguien. Era Maryam de nuevo. Mi amigo no estaba. Tenía la virtud de desaparecer siempre cuando había que pagar la cuenta. “¿Quiénes son los amigos de tu novio?” pregunté yo a ella. Maryam miró a ellos, luego a mí y me contestó: “Mohamed no les conoce para nada, creo que son comerciales o algo así de una empresa belga”. Y se marchó moviendo la cintura y las caderas de forma más sensual de la habitual suya. Al rato se acercó el dueño del local, sus bigotes se movían como langostinos de la pescadería del mercado de San Miguel. Llega la hora de pagar todo el monto. A ver.

—Habibi, ¿a cuánto tienes hoy el té y las pastas?

—Son 2.000 pesetas.

—Vale. Me dijo Maryam que eran primos tuyos de Argelia y que les echas siempre mucho de menos, enseñe yo con la mano a la puerta. La enigmática trinidad ya había salido del local a la calle. Mi naif farol funcionó.

 —Sí, sí, son mis primos, mis queridos primos, les veo poco. Viven en Francia, en Paris. Les quiero mucho.

—Bien, bien, así me gusta. A ver… toma el dinero.

—Gracias Habibi

—Inshallah, replico.

—Inshallah, asiente él.

Recogí mi abrigo y me dirigí a la salida. Lástima que no soy un escritor. Buen material para el comienzo de un libro de intriga. Pero las novelas largas y negras nos es mi estilo. Me gustan historias cortas y divertidas. Cuando más sorprendentes mejor. Abrí lentamente la puerta y salí a la calle. Uno de los altavoces estaba instalado junto a la puerta del local y la farona egipcia me despidió con su tierno verso de amor.

Tus ojos me llevaron a aquellos días que se han ido,

Me enseñaron a arrepentirme del pasado y sus heridas.

Todo lo que mis ojos vieron antes de conocerte a ti, fue una vida perdida.

¿Cómo podría considerar esa parte de mi vida?

Con tu luz comenzó mi amanecer…

 

 

 

 

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2 respuestas a “La botella Nº 76: “Enta omry de Umm Kuthum y tres espías.”

  1. Mi querido Alex, te has superado con la botella 76! Un relato maravilloso que libera la imaginación y los sueños de sus lectores.me pareció especialmente maravillosa la mezcla de intriga, suspense y cómo has ido pausando el relato con los versos de la Gran Umm Kaltoum. Para mí adquiere un sentido especial dados mis orígenes y mi pasado. Desde luego que te agradezco habernos contado esta increíble historia y habernos hecho disfrutar de ella. Mil gracias y que sigas sorprendiéndonos!

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