La botella Nº 75: “Una extraña sensación”

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Ayer fue un día muy especial para mí. He tenido la oportunidad de conversar con una persona con la que me siento muy a gusto y que me inspira confianza. Los inesperados encuentros como este te hacen sentir el día completamente diferente. Y como la continuación natural de aquel encuentro, a última hora de la tarde yo tenía en mis manos un libro nuevo: “Una extraña sensación” de Orhan Pamuk. Este famoso escritor turco, premio Nobel de literatura, ha estado de visita en Madrid para dar una charla en la Casa de América y presentar la traducción al español de su última obra.

La trama del libro empieza con un joven que llega a Estambul desde algún pueblo lejano de Anatolia para buscar un futuro mejor. Pero en la gran metrópoli se enamora inmediatamente de los ojos de una chica de la que sólo conoce el nombre. Entonces comienza a buscarla y después de un largo y laborioso cortejo por fin la tiene entre sus brazos. Aparentemente cabe esperar el final feliz, pero la narrativa de Pamuk no es tan primitiva. Resulta que la chica tiene una hermana y será el propio joven encargado de descubrir que todo ha sido un error, que no se ha carteado con su enamorada sino con la hermana de ésta. Una trama inspirada en la poesía sufí…

Hubo una época cuando más de la mitad de la población de Estambul no era de origen turco: los armenios, los griegos y los judíos formaban un crisol cultural, étnico y social. Durante el siglo XX el mundo con profunda tristeza asistió a un proceso de limpieza étnica. Dicen que al menos en Estambul, los métodos no siempre fueron brutales. Pero la inmensa mayoría de la población no turca desapareció de la ciudad y para el recuerdo quedaron sus barrios y sus edificios. Pero la literatura otomana conserva todavía su esencia y Orhan Pamuk la trajo al siglo XXI segun las palabras de Juan Goytisolo.

Precisamente por denunciar aquellas páginas negras de la historia de su país natal en su narrativa, Orhan Pamuk tuvo que soportar mucha presión de los nacionalistas turcos, denuncias, amenazas de muerte y acoso del gobierno de Erdogan. Para ponerse a salvo en momentos de mayor presión mediática, no exenta de polémica internacional, el escritor turco se marchó a Nueva York para dar clases en la Universidad de Columbia. Desde Nueva York él explicaba a la sociedad occidental que el problema de Turquía no es el Islam, el problema es la falta de respeto a la separación de poderes, la manipulación de la justicia, el populismo, la pobreza. Pasados unos años Orhan Pamuk volvió a Turquía de nuevo. Y siguió escribiendo, desvelando historias, amores, olores, melodías del viejo Estambul.

Nacido en el seno de una familia burgués, Pamuk tenía la vida acomodada. Y sus amigos también. Incluso los que estaban entregados completamente a la causa marxista. De alguna forma sus estelas se reflejan en diversos libros del escritor, explicando ese viaje de comunista a empresario. Muchos de ellos se dedicaron después a los negocios de publicidad, a la construcción, a las tecnologías de información. Otros están liderando ahora la oposición cívica y laica al Gobierno de Erdogan. Leyendo su prosa yo tengo la extraña sensación del efecto Déjà vu: lo hemos visto ya todo esto a mediados del siglo XX en Francia. Después de las protestas estudiantiles en Paris muchos de sus promotores acabaron ocupando altos puestos empresariales del país galo. Nada es nuevo en el mundo.

La historia nos separa con casi medio siglo de retraso, pero curiosamente nos une otra, bastante triste y peligrosa por su naturaleza pandémica. Y para explicarlo quiero volver al último libro de Pamuk, a aquel joven que buscaba a su amor, incluso a mi propio descubrimiento personal que hice ayer. No me interesa el Estambul de apariencia moderna, de turistas, tiendas y hoteles, el Estambul de las clases altas. Me interesa su esencia histórica llena de desigualdad y de pobreza.

El protagonista de “Una extraña sensación” llega a Estambul con 12 años como un inmigrante muy pobre. Su objetivo consiste en que tendrá que descubrir cómo ser feliz entre la muchedumbre, dentro del anonimato que dan las masas. Y eso es lo que conviene a una persona incluso en la sociedad moderna. A pesar del Internet, vuelos espaciales, medicina personalizada o robots que casi son humanoides, el estado anímico de la sociedad actual occidental es manifiestamente deficiente. A la gente le falta el Amor. Es muy difícil encontrar a alguien que sabe amar, ser amado, que sabe compartir, respetar, disfrutar uno del otro tal cual. Detrás de las fachadas de las familias aparentemente felices y acomodadas se esconden historias de dolor, soledad y tristeza. Es tan obvia la corrupción emocional, la impotencia sentimental y el miedo de compartir su corazón con alguien, que hasta parece inverosímil.

Hace muchos años, podía existir esa postura del amor esclavizado bajo el yugo de sociedades autoritarias, pero el progreso tecnológico ha cambiado las sociedades enteras, el desarrollo cívico ha barrido muchas desigualdades entre los sexos, la globalización ha derrumbado numerosas fronteras. Y aun así la mayoría sigue siendo esclava de sus propios miedos y complejos y no se atreve amar.

Por eso son tan interesantes para un lector occidental los libros de Pamuk. Muchos de sus protagonistas tienen el aspecto de gente de negocios, pero, luego, en sus casas, la vida familiar es casi medieval. Y el amor en todas sus manifestaciones es la victima pasiva. Sin libertad el amor no puede existir, está claro. Pero aún más espantoso es ver a personas aparentemente libres incapaces de amar y ser amados.

Curiosamente a lo largo de la historia de la humanidad, numerosos ejemplos demuestran que son las mujeres que luchan primeras, que pelean a través de la ironía y del lenguaje por defender su derecho a amar y ser amadas, que se echan a vivir experiencias sin tener una idea clara de lo que construyen, dejándose llevar por la inspiración sentimental. Y las admiro mucho. La mayoría de los hombres necesitan pilares y cálculos. ¿Quién tiene más razón? No lo sé. Creo que no hay reglas universales en el amor excepto una: amor tiene su propia vida y se marchita si no lo cuidan suficiente. Dependiendo de su intensidad, tanto la atracción, tanto el apego, tanto el deseo, tanto la pasión o la amistad son imposibles sin “Una extraña sensación” de buscar permanentemente tu propio camino al corazón de tu pareja. Y este camino transforma a todos: a unos eleva al cielo y a otros les hunde en la miseria.

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