La botella Nº 74: ¿Nos hará más feliz el trabajo remoto?

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Por fin tengo la posibilidad de volver a conectar con mis lectores. El marzo ha sido especialmente cargado de trabajo, de nuevos proyectos, y mi blog personal se ha quedo huérfano casi un mes. Pero después de la tempestad viene la calma y ahora tengo la posibilidad de volver a compartir las cosas que ocupan mis pensamientos y reflejan mis sentimientos. Precisamente ayer recibimos la visita de unos amigos. Fue una estupenda y agradable velada. Una de las conversaciones que más nos ha unido fue sobre la necesidad de buscar permanentemente el equilibrio necesario en el trabajo y la vida personal para sentirse satisfecho tanto en el ámbito profesional, tanto el ámbito personal. Y me gustaría compartir algunas reflexiones que podrían ser de interés también para mis “amigos virtuales”.

Creo que estamos asistiendo a una revolución silenciosa en la cultura corporativa de trabajo. Las nuevas tecnologías y la exigencia de nuevas generaciones de disponer de su tiempo son puntos clave para entender este cambio. Las empresas de base tecnológica, las nuevas strat-ups, las spin-off de las grandes multinacionales han empezado a eliminar la oficina y fichar a profesionales de distintos países para proyectos concretos. Personalmente creo que la era de las oficinas, de empleos fijos y de interminables horarios esté llegando a su fin. En una gran parte de empresas de Silicon Valley los trabajadores ya no tienen que cumplir horarios. Pueden trabajar con un portátil desde cualquier lugar. Ahora se les mide por objetivos cumplidos. Los directivos miden a sus trabajadores en torno a las métricas, no importa cómo o dónde desarrollen su actividad, lo importante es que lleguen a final de mes con los números que estaban previstos.

Lamentablemente una buena parte de los departamentos de RR.HH. en España siguen buscando a “esclavos dóciles” incluso para puestos de cierta envergadura para tenerlos en las jaulas chupando las interminables horas de “trabajo”. Aunque el discurso que emplean se basa en la necesidad de atracción del talento, raras veces de verdad se busca talento, no importa el dónde. La cultura empresarial mediterránea tiene sus luces y sus sombras. Pero el mundo es plano y gracias a Internet todos estamos conectados. Gestionar una empresa a base de objetivos, contratando profesionales por todo el mundo para determinados proyectos y emplear el teletrabajo es perfectamente viable gracias a la tecnología actual. Hay una multitud de herramientas tecnológicas y de programas especializadas que permiten el trabajo en remoto, facilitan la comunicación a través de chats internos y compartir archivos. Los trabajadores pueden trabajar de forma colaborativa en un mismo proyecto y en tiempo real.  Perfectamente se puede precisar las líneas de trabajo, las fechas de entrega, incluso reuniones en equipo.

La principal desventaja de no trabajar cara a cara es no percibir los detalles de la comunicación no verbal. Es absolutamente cierto que viendo a los responsables discutir los temas en directo aporta una información muy valiosa sobre su capacidad de reacción y su ingenio. Pero se puede establecer reuniones presenciales de forma periódica y de esta forma paliar la principal desventaja del teletrabajo. Yo, por ejemplo, soy más productivo porque me organizo a mi manera y estoy más satisfecho. Y en las reuniones de trabajo hablamos precisamente del trabajo y no de futbol o tonterías por el estilo. Además y basándome en mi propia experiencia empresarial puedo afirmar que el trabajo en remoto es la opción idónea para conseguir una rápida internacionalización. La falta de presupuesto marcada por la crisis financiera e económica que atravesó España recientemente puede hacer de este método una nueva cultura corporativa. Huir de costes fijos como el alquiler y/o otros gastos fijos de mantenimiento es muy atractivo. Instalarse en un espacio reducido y hacer reuniones por videoconferencia ya no es una tendencia, es la realidad.

El mundo entero está cambiando el paradigma de las empresas y está eliminando la red laboral que tejieron nuestros padres. En el siglo XXI triunfará la flexibilidad horaria porque a finales del siglo XX cambiaron los valores y el concepto de la vida. Pronto serán los usuarios los que se interesen por una empresa y no al revés. Y así la publicidad genérica será como el tratamiento de quimioterapia de los años cincuenta del siglo pasado en comparación con los avances de la medicina personalizada basada en la modificación genética.

Las empresas pequeñas, basadas en la ejecución rápida y exitosa de proyectos concretos que trabajan también con grandes multinacionales han dado la vuelta y ahí está su éxito. Y con más tiempo libre para su vida personal cualquier trabajador es más satisfecho, más realizado y más contento incluso en el ámbito laboral. Evidentemente no hablo de holgazanes profesionales, de vagos compulsivos y de partidarios del nuevo rumbo populista. Sin trabajo no hay milagros, pero podemos y debemos modificar el proceso productivo para disfrutar de otros milagros que forman parte de la apisonada y maravillosa experiencia de vivir.

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4 respuestas a “La botella Nº 74: ¿Nos hará más feliz el trabajo remoto?

  1. Sería un sueño hecho realidad para mucha gente. Aunque depende del tipo de trabajo el que sea viable o no. Tienes razón en resaltar que no es apto para vagos e irresponsables, a estos les viene mejor un trabajo de oficina, con sus largas pausas de café, tabaco, comidas y charlas sobre gran hermano o sobre la serie de moda………..he visto cómo de esta manera, se pierde el tiempo en oficinas, reduciendo el rendimiento laboral, eso sí, delante del jefe hincamos los codos, y lo que cuentan son las horas que echamos!
    Desde luego, Lo ideal es trabajar por objetivos, es el mejor incentivo y combustible inmejorable para que la gente realice sus tareas de una manera flexible, agradable y sobre todo efectiva y rentable para ambas partes. No me cabe duda que una persona feliz es más productiva!
    En mi próxima vida, me pido un trabajo remoto para disfrutar de la vida trabajando!

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  2. Yo formo parte del afortunado grupo de personas que ya trabaja de forma remota desde hace años, y no volvería a un trabajo presencial por mucho que me ofrecieran un sueldo de lo más tentador. Poder disponer de mi tiempo y trabajar a mi ritmo y desde donde quiera suponen para mí el mejor de los incentivos.

    Entiendo que no se puede teletrabajar en cualquier caso —hay puestos en los que es sencillamente imposible, y hay determinados perfiles de trabajadores a los que quizá les faltaría autodisciplina—, pero creo que en general las empresas en las que sí sea viable deberían ofrecerles las posibilidad al menos a sus empleados.

    Se ahorraría en gastos, y los empleados gastarían menos tiempo y dinero en trasladarse a la oficina. Y habría menos contaminación y menos atascos y mal humor por las mañanas. ¡Son todo ventajas!

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    • Hola Carmen, no sabes cómo me alegro de verte aquí 🙂 Escribiendo este artículo estaba pensando también en tu caso. Eres un claro ejemplo de cambio de la mentalidad empresarial entrelazada con los valores sociales que nuestra generación no está dispuesta a sacrificar. Gracias por leer mis botellas y espero que el famoso libro todavía espera la oportunidad de acabar en mis manos 🙂 Un abrazo. 🙂

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