La botella Nº 52: Liberté, Égalité, Fraternité…

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Han pasado casi dos semanas desde los atentados de Paris y todavía el dolor, la rabia y el deseo de venganza atormentan los corazones de muchos parisinos de nacimiento y de adopción. Paris es mucho más que la capital de la república francesa. Es una ciudad de referencia para la cultura occidental contemporánea. Es la cuna del amor, del pensamiento libre y de la expresión artística en todas las facetas imaginables del género humano. Paris no deja indiferente a nadie. Amado por su exuberante majestuosidad y odiado por su indiferente arrogancia, tacaño y generoso al mismo tiempo, atrae pensamientos y aflora sentimientos en cualquier parte del mundo.

Con el paso de tiempo entendemos que no hay vida, no hay paz, no hay satisfacción en una simple venganza. Haciendo sufrir a otras personas sólo porque nosotros hayamos sufrido nos iguala a nuestro enemigo. Pero el legítimo derecho a la defensa colectiva es otra cosa.


Lo que ha pasado en Paris el viernes 13 cambiará el rumbo de la historia del siglo XXI. Por fin la sociedad occidental ha comprendido que el DAESH es una amenaza geopolítica de primera magnitud, muy por delante de las aspiraciones de Rusia de devolver su estatus de la superpotencia mundial o de la amenaza nuclear de Irán y de Corea del Norte.

La amenaza no consiste únicamente en los atentados que pueden cometer los terroristas en el suelo europeo, tampoco en las consecuencias económicas que pueden sufrir los países atacados a corto o medio plazo. El mayor peligro es demostrar a DAESH que el mundo occidental está dividido y carece de unidad política frente al terrorismo yihadista. Como español me avergüenza la conducta del presidente del gobierno español, negando la ayuda a Francia, tomando por idiotas a todo el mundo y metiendo la cabeza en la arena como un avestruz. Esto es precisamente lo que buscan los terroristas: desestabilizar, asustar y demostrar a sus seguidores que la sociedad occidental es mezquina, impotente, miedosa, traicionera, egoísta y condenada a la desaparición. Entre Zapatero y Rajoy no se sabe quién ha prestado mejor servicio a los objetivos de Al Qaeda o DAESH en Europa: Zapatero a quién los terroristas ponen como ejemplo de docilidad o Rajoy, que insiste todavía que Francia no ha solicitado ninguna ayuda a España.

En fin, ¿qué otra cosa se puede esperar de un presidente que rehúye de cualquier tipo responsabilidad y se asustada incluso de los debates televisivos con sus oponentes, escondiéndose detrás de su Vicepresidenta? Definitivamente el PP merece tener otro líder, más carismático, más joven, capaz de adoptar las decisiones necesarias acordes con el momento que vivimos, capaz de asumir la responsabilidad ante los desafíos internos (político-económicos) y externos (geopolíticos). Y la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría sería una magnifica candidata, capaz de reflotar el partido popular, renovar la sociedad civil y ser una sólida alternativa a Sánchez y a Rivera. Es una exigencia histórica que sobrepasa las fronteras nacionales. Europa necesita tener otros líderes si quiere vencer a DAESH y mantener su legado económico y cultural.

Europa debe renovarse si la UE quiere mantenerse como una Unión y vencer en la lucha antiterrorista. El cambio debe ser estructural, incluyendo la política económica, fiscal, bancaria, pero también el profundo cambio debe afectar a la defensa, política exterior y acción policial de fronteras. Es un secreto a voces que el Acuerdo de Schengen pronto desaparecerá en su estado actual, provocando una serie de modificaciones en la política europea. La postura británica es el último aviso que recibe Bruselas antes de desmantelar el trabajo de los últimos 50 años, y quién sabe si poniendo también en duda la existencia de la moneda única. Toca revisar el concepto de la sociedad europea y el modelo de la Unión que tenemos actualmente.

Después de los atentados de París la Unión Europea tendrá que asumir también su propia seguridad. La defensa no se puede delegar en nadie. Es un asunto europeo y debe ser resuelto en el marco de la OTAN y al amparo de Naciones Unidas. Pero sobre todo apoyándose en sus propios procedimientos de recogida de información, recursos técnicos, diplomáticos y militares. Tenemos que defender la sociedad por todos los medios, incluido los miliares, ante semejantes ataques que hemos sufrido en el corazón de Europa. Pero al mismo tiempo tenemos que analizar cómo hemos podido llegar a estos extremos y tomar decisiones valientes para curar heridas abiertas, evitando en la medida de lo posible nuevas masacrases.

Lamentablemente la acción militar coordinada y la coalición internacional contra el grupo terrorista DAESH son imprescindibles. Y digo lamentablemente porque la guerra nunca es la mejor opción. Pero sería un craso error confiar exclusivamente en medios militares y policiales, soluciones tecnológicas y represivas para imponer el estado de sitio con el pretexto de garantizar la seguridad ciudadana. Deshumanizar al enemigo y anular la empatía es una herramienta anticuada del siglo XX. Está demostrado por varios estudios psicológicos que los terroristas no son psicópatas ni tampoco padecen ninguna patología mental en mayores tasas que las que existe en cualquier otro grupo. ¿Qué provoca que las personas sean susceptibles al veneno asesino y pierdan todo el sentido de la humanidad y la moralidad cometiendo atrocidades de primera magnitud? ¿Qué defienden y qué quieren de nosotros? ¿Cuáles son sus objetivos políticos? ¿Carecen totalmente de fundamento sus pretensiones? ¿Por qué en sus filas hay tanta gente de los países occidentales?

Sin conocer a nuestro enemigo y sin hallar duras respuestas a estas complejas preguntas la derrota del terrorismo nunca será definitiva. Es cierto que la pobreza, marginalidad, la necesidad de pertenencia a una identidad común y la búsqueda de significado en la vida, unida a la falta de la integración en la sociedad occidental, es el caldo cultivo para la intoxicación y manipulación que acaba anulando la empatía y convirtiendo al ser humano en el peor animal de la tierra. Pero probablemente hay algo más.

En varias ocasiones, se ha definido oficialmente el problema del terrorismo islámico como la consecuencia de una narrativa ficticia del extremismo religioso del DAESH por el cual se ven influidos sobre todo jóvenes. Esto está ocurriendo tanto en países del Oriente Medio y África, como también en países occidentales donde reclutan a algunos de sus hombres más peligrosos. Para ellos, cualquiera de nosotros es responsable de los crímenes de los que nos culpan y por esa razón consideran que sus actos de brutalidad son necesarios. Son mártires. Pero sobre todo son asesinos.

¿Quién está detrás de estos manipuladores? ¿Manipulan a nosotros también? ¿Quién y con qué fin? Defendemos la democracia, diálogo y libertad de expresión, pero qué opina y qué sabe sobre DAESH por ejemplo Edward Snowden o Julian Assange? Las respuestas tenemos que buscar también en el occidente si queremos acabar con la lacra del terrorismo islamista. Pero para vencer a la barbarie terrorista tenemos que cambiarnos nosotros también. Como sociedad y como individuos.

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