La botella Nº 49: El talento de Marcel Bloch.

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Marcel Dassault, nacido Marcel Ferdinand Bloch fue un ingeniero, empresario, político y productor de cine francés y primer director ejecutivo de la compañía Dassault Aviation.

Una de las cosas que me hace ser profundamente feliz es ver, sentir y vivir el talento en todas sus múltiples manifestaciones. La alegría me llena el corazón y vuela el alma con la voz de Cesaria Evora, melodía de Astor Piazzolla o los cuadros de Pablo Picasso. Para mí contemplar el talento es unos de los mayores placeres de la vida, incluso por encima de aquellos que perjudican la salud, engordan o se consideran ofensivos para la mentalidad puritana. Yo soy así, qué le vamos a hacer, demasiado liberal para algunos, demasiado intelectual para otros, o demasiado estúpido para terceros. Y probablemente todos tienen su parte de razón.

Pero de todos los talentos y placeres habidos y por haber, hay uno que raya la ingenua genialidad, es el talento de vivir. Muy poca gente nace con él y aún menos son capaces de desarrollarlo a lo largo de su vida. Hoy quiero contar la historia de un cineasta, político, emprendedor y constructor de aviones Marcel Bloch, más conocido como Marcel Dassault, el precursor de la familia de reactores ejecutivos “Falcon” y los cazas “Mirage” y “Rafaele” entre otros.

Uno de los pioneros europeos de la aviación civil y militar nació el 22 de enero de 1892 en Paris. Se llamaba Marcel Ferdinand Bloch. Su padre, un médico judío era conocido en los círculos universitarios parisinos, pero su hijo no heredó la pasión por el juramento hipocrático. Su pasión eran los aviones, especialmente después de ver sobrevolar Wibur Wright la Torre Eiffel. Marcel Bloch cambió sus estudios de electricidad de la escuela Breguet a la escuela Superior de Aeronáutica, dónde se graduó en 1913 con notas brillantes. Faltaba sólo un año para el comienzo de la I Guerra Mundial y el recién creado Ministerio del Aire francés encargó el diseño de un avión trimotor de transporte militar. Fue Albert Caquot, director industrial del Ministerio del Aire, quien animó a Marcel a fundar su propia empresa para fabricar los aviones cuyo diseño él empezó a desarrollar estando todavía en la Escuela Superior de Aeronáutica. Así nació la “Societé des Avions Marcel Bloch”.

El éxito acompaño a Bloch desde el principio. Los aficionados a la historia de la aviación mundial conocen sus logros: el monomotor MB 80, el avión de transporte MB 220 utilizado por Air France, el caza militar MB 150. Luego aparecieron los sofisticados MB 161 también de transporte, el bimotor de pasajeros MB 170, etc. Marcel Bloch pronto conoce a su futuro socio Henry Potez en una exhibición aérea en aeródromo de París Le Bourget y los dos juntos crean la “Societé Nationale de Construccions Aeronautiques du Sud-Quest” (SNCASO).

Pero la suerte es una fémina muy caprichosa. Y para Marcel la vida se convirtió en un en un camino de pruebas y desafíos. En el 1936 su empresa fue nacionalizada y él cayó en desgracia. Pero siempre luchador Bloch consideró que los desafíos son oportunidades perfectamente disfrazadas de obstáculos. Aunque la mayor parte del tiempo él sentía que están en su contra, estaba seguro que la vida le presenta los desafíos por un propósito muy especial, tienen una razón de existir, y contienen dentro un gran e importante regalo. Sí, muy de cábala judía. Pero los desafíos tienen el poder para cambiarnos, porque nos empujan tan cerca de la cornisa que no tenemos ninguna otra opción que saltar hacia lo desconocido. Incluido directamente al precipicio.

La maldad de ser humano es infinita, la capacidad para hacer daño asombrosa y el poder de la envidia omnipresente. Traicionado por los amigos, humillado por el estado y abandonado por su pareja, Marcel Bloch fue considerado traidor al Gobierno de Vichy y encarcelado por su condición de judío. Pero el destino le seguía golpeando con ensañamiento. Los franceses le entregaron a los alemanes que los internaron en el campo de concentración. Primero en Drancy, luego en Buchenwald. El mundo oscureció para Marcel y las lágrimas de sangre bañaron los caminos y campos de la Europa entera. En estas circunstancias la muerte deja de ser tan temible, el horror para los supervivientes era aún mayor. El sistema de los campos de concentración no estaba sujeto a inspección por parte de ninguna autoridad judicial o administrativa externa a las SS y el aparato policial. Como estaban basados en una jurisdicción extralegal autorizada por Hitler como Führer, los campos de concentración permanecieron literalmente fuera de las leyes del estado alemán. Estaban pensados para funcionar como centros de detención para personas a quienes los líderes nazis consideraban un peligro subversivo para la raza alemana. Lo que significó esto en la práctica, podemos imaginarlo leyendo los testimonios de los que han podido salir con vida.

A medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de prisioneros en los campos, las raciones de comida fueron disminuyendo. Para los hambrientos, cualquier cosa era comestible, ya fueran mondaduras sucias o patatas crudas; en algunos campos, incluso se dieron actos de canibalismo. Los barracones de madera se convirtieron en jaulas de miseria humana. Los castigos corporales formaban parte de la vida cotidiana. Los niños pequeños eran asesinados inmediatamente por ser demasiado pequeños para trabajar. Si durante la selección, una madre llevaba a su hijo en brazos, los dos eran enviados a la cámara de gas, porque en estos casos se calificaba a la madre de no capacitada para trabajar. Y los hombres enfermos eran asesinados junto a los que intentaban revelarse contra la orgia enloquecida de los asesinos sonrientes del pelo rubio y de ojos azules.

Durante su cautiverio, Marcel Bloch fue requerido en tres ocasiones para que trabajase para los alemanes en la Luftwaffe. El puro Wehrmacht necesitaba el talento de un sucio judío. Pero Marcel se negó. Sabía que con negación firmaba su sentencia de muerte. Y en efecto, estuvo a punto de costarle la vida. Pero el azar de su destino quiso tomar otro camino. Marcel Bloch salió vivo y regresó a Francia después de la II Guerra Mundial.

Probablemente para olvidar todos los recuerdos de la guerra Marcel decide cambiar su apellido. Pero yo creo que la razón fue mucho más profunda. Aquel Marcel Bloch que triunfo en la aeronáutica y termino en el campo de concentración nazi murió. Murió dentro de su corazón y fue enterrado con una parte de su alma en lo más profundo de la memoria de Bloch. Sin enterrar una parte de sí mismo, él no podría vivir nueva vida. Después de todo Marcel era ya otra persona. Pero con el mismo talento y ganas de vivir. Para su nuevo apellido Marcel eligió un derivado del nombre de guerra de su hermano que estuvo en la resistencia francesa, el general Darius Paul. Así nación Dassault que volvió a soñar con los aviones. Como consecuencia el 20 de enero de 1947 surge la nueva empresa: “Societé des Avions Marcel Dassault”.

Y el éxito volvió a tocar a su puerta: el nuevo bimotor de transporte MD-315 Flamant le trajo el reconocimiento, dinero y fue la base para el desarrollo de los futuros Dassault Mystére, Étendard, Rafael, Mirage o el famosísimo “Falcón” que utiliza el Rey de España para sus desplazamientos. Pero el talento de Dr. Dassault ya no pertenecía solamente a la aviación. Después de lo que le tocó vivir, el fundador y primer director ejecutivo de la compañía Dassault Aviation formó parte de la vida política y cultural francesa, convirtiéndose en un político y también productor de cine. Aunque esto es ya otra historia…

Decidí contar la historia de Marcel Bloch en parte motivado por el debate de moda en nuestro país sobre el apoyo al emprendimiento y la retención del talento. En calidad de CEO de una empresa privada con la participación del capital público de una Universidad, a veces me toca asistir a los debates sobre el papel del liderazgo. Confieso, soy bastante escéptico y veo muy poca utilidad en debatir sobre el talento, masticando el jamón serrano y tomando una copa de vino tinto.

La motivación personal y las ganas de seguir adelante es un proceso muy íntimo que cada uno debe buscar en la más absoluta soledad, escuchando a su propia alma y estableciendo el dialogo con su “yo” interior. Difícilmente se puede hallar la motivación bajo la presión de los maestros de coaching que, con la energía de los vendedores de coches del siglo pasado, intentan convencerte tomar determinados pasos. En el siglo XXI incluso el sector de automoción, más expuesto a emplear las tácticas comerciales más agresivas, ha evolucionado. Los vendedores de coches ya no te dicen que es lo que necesitas, son asesores que intentan ofrécete lo que estás buscando.

Y los poderes públicos tampoco deben inventar la rueda, intentando hallar la piedra filosofal de apoyo al emprendimiento, motivación y retención del talento. Bajen los impuestos, cambien las reglas de juego en las universidades públicas y dejen de extorsionar a los autónomos con diferentes peajes al más puro estilo mafioso y verá como brota el emprendiendo, el talento y como evoluciona el tejido empresarial español. Y dejen de enviar las innumerables encuestas, los empresarios no necesitamos una tutela y la ayuda del estado. Con la seguridad jurídica de un marco legal claro y transparente en un entorno de bajos impuestos es más que suficiente.

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