La botella Nº 22: Pena de cárcel por meter el DNI en microondas

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La imagen prestada con agradecimiento de la web http://www.vistazo.com

Érase una vez un alemán, un español y un estadounidense… Parece el inicio de un chiste de dudoso gusto, pero no lo es. Tampoco se trata de un cuento de hadas. Probablemente se parece más a una hipotética película de Alfred Hitchcock y Andréi Tarkovski, con la ayuda de los colaboradores habituales de Ingmar Bergman. Pero la capacidad de la imaginación que tiene cada uno de nosotros es diferente y podría llevarnos a confusiones indeseadas. Así que nos limitaremos a simples hechos verificados, a ver que nos sale.

El nombre del español es desconocido, por lo menos del momento. El nombre del alemán tampoco lo sabemos, pero nos consta que tiene 29 años. Y el nombre y la edad del estadounidense es de dominio público: se trata de Edward Snowden de 32 años. ¿Qué tienen que ver los protagonistas de hoy aparentemente tan diferentes?

Veamos. Cuando en junio de 2013, Snowden hizo públicos, a través de los periódicos The Guardian y The Washington Post, documentos clasificados como alto secreto sobre varios programas de la NSA, incluyendo los programas de vigilancia masiva PRISM y XKeyscore, parecía que el escándalo va a durar poco. Pero el cabrón no se dejó matar y huyo a China y luego se escondió en Rusia. A decir la verdad, no sé si tuvo suerte o no. A mí me parece a un valiente hámster que huyó de la madriguera de un felino, para esconderse en la del otro. Algún día sabremos algo más de él y de toda esta historia. Y probablemente los villanos no serán tan malvados, los héroes no serán tan puros y la espada de Lancelot tampoco será muy diferente a los de Caballeros de la Mesa Redonda. Como dijo Buda “hay tres cosas que no se pueden ocultar por mucho tiempo: El sol, la luna y la verdad.

Snowden parecía paranoico, insistiendo a los abogados que estuvieron asesorándole en Hong Kong que introdujeran sus dispositivos en el frigorífico, tratando de bloquear cualquier tipo de monitorización mediante el efecto «jaula de Faraday». Luego resultó ser cierto aquello. Los móviles y los smartphones son los espías más sofisticados que llevamos en nuestros bolsillos y además pagamos por ellos centenares de euros, cuidándoles con muchos mimos.

Al parecer un alemán de 29 años, se fijó que su nuevo y sofisticado DNI tiene un chip muy parecido a la de tarjetas SIM. Y metió su DNI en el microondas, la última técnica alemana para no ser espiados. No sé quién era, a qué se dedicaba y qué querría ocultar, o simplemente era unos de los muchos alemanes que protestaron en el 2010 por la implantación de los chips en los DNI alemanes, generando un fuerte rechazo social entre la opinión pública.

Resulta que dicho joven, preocupado de que su vida privada pueda ser violada por el microchip incrustado en todos los DNI, fue arrestado en el aeropuerto de Frankfurt después que las autoridades se dieran cuenta de que había introducido su tarjeta de identificación en un microondas. Ahora se enfrenta incluso a pasar un tiempo en la cárcel. De acuerdo con la ley alemana, los documentos de identificación son propiedad estatal y no pueden ser modificados.

http://www.abc.es/internacional/20150824/abci-alemania-microondas-201508241242.html

Un momento, digo yo. Y si él hubiera metido su DNI en el retrete, ¿también sería detenido? No, meter la propiedad del estado alemán en la mierda no se considera ningún delito. Lo que está prohibido es bloquear todo tipo de señales que se usan para transmitir datos. Los congeladores y los microondas, normalmente fabricados de metal envuelto en gruesas capas aislantes, pueden bloquear cualquier tipo de señal, y por tanto, impiden la transmisión de datos. Ah, ¿entonces los DNIs electrónicos transmiten datos a distancia? ¿Qué datos? ¿A quién? ¿A qué distancia? ¿Para qué? ¿Quién vigila y supervisa semejante “Big Data”? ¿Estamos permanentemente localizados? ¿Y los pasaportes biométricos, tan populares ahora, hacen lo mismo?

En fin, mejor hablemos de cultura y costumbres. Por ejemplo de semejanzas y diferencias entre los alemanes y los españoles.

Los estereotipos clásicos no son ciertos: los alemanes ni son fríos, ni comen todo el día salchichas ni tampoco beben cerveza todo el rato. Los españoles no estamos todo el día tirados en la bartola, comiendo paella y tampoco todo el mundo aquí baila sevillanas. Nos unen por ejemplo la multitud de lenguas que se hablan en España en Alemania y el DNI electrónico. En España, también como en Alemania, el DNI se considera propiedad del Estado.

Pero también tenemos nuestras diferencias. Los alemanes generaron un fuerte rechazo entre la opinión pública al implantarse el chip electrónico en sus DNIs. A pesar de que varios estudios han deslegitimado esta preocupación, muchos alemanes siguen siendo muy cautelosos.

En España no protesta ni Tato. ¿”Que pa qué”? Hasta mi portera sabe más de la vida de todos los vecinos. Y sin ayuda de ningún tipo de chip todo el vecindario se enteró que la mujer del Paquito le ha puesto los cuernos, porqué el pobre Paquito no sirve para nada, “ni siquera para follar”.

¿Y es que tanto chip, tanto espionaje y tanta vigilancia para qué sirve? ¿Para nuestra seguridad? ¿Ha servido para algo hace unos días en el tren Thalys que cubría el trayecto Ámsterdam-París? Si no fuese por la valentía de dos estadounidenses, un británico (condecorados con la Legión de Honor de Francia) y dos francés, uno de ellos herido de gravedad, y que serán condecorados más adelante, ahora estariamos ante una nueva barbarie terrorista a gran escala. Menos mal que el presunto terrorista no tenía formación en el manejo de armas de fuego. Si hubiera aprovechado la capacidad de esas armas, podría haber tenido un efecto devastador. Y especialmente se agradece la valentía de estos pasajeros que, estando de vacaciones, no dudaron de aplicar su formación militar para reducir al potencial asesino.

Son personas de hueso y carne, gente anónima que salvaron la vida de pasajeros del tren en una situación límite en que ningún chivo expiatorio electrónico ha sido capaz de retener al terrorista. ¿Acaso han servido estos chismes para prevenir el atentado contra Charlie Hebdo entre otros muchos? ¿O la seguridad no es su principal objetivo de todas estas parafernalias sofisticadas del espionaje indiscriminado?

¿Y qué opina mi querido lector?

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