La botella Nº 21: “La metamorfosis” de Kafka y la mutación de la Unión Europea. Capítulo III – La crisis migratoria de refugiados y de la inmigración ilegal

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Capítulo I

Capítulo II

El viernes las principales bolsas europeas han registrado importantes pérdidas. Hoy la situación sigue igual. Los inversores temen la fuerte desaceleración de China, la guerra de divisas, la previsible subida de tipos de interés en EE.UU., el asunto griego y posible estancamiento de principales economías europeas. La bochornosa y vergonzosa crisis migratoria importa menos, pero irrita mucho más a los nobles políticos europeos.

En las mejores tradiciones de “La metamorfosis” de Kafka, el primer ministro británico —David Cameron— llamó “plaga” a los inmigrantes que intentan llegar a Reino Unido. La mayoría de ellos, refugiados sirios, que tratan de huir del horror de la guerra y del IS. Con niños moribundos, se agolpan en la frontera entre Grecia y Macedonia para cruzarla, camino a países como Alemania, Francia o Reino Unido. Reciben porrazos, sufren extorsión y hambre, les rocían con gases lacrimógenos. Así les acoge la noble Europa, heredera de la “Liberté, égalité, fraternité”, célebre firmante de la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y la fiel defensora de derechos humanos cuando se trata del Maidán de Kiev.

http://www.elmundo.es/internacional/2015/08/23/55da0d8522601d165b8b4583.html

Mientras Londres y Paris intentan enfrentarse a este problema al margen de Bruselas, sería muy aconsejable no meterse y no involucrarse más en dudosos experimentos sociopolíticos en los países que no entienden la vida como nosotros y necesitan otro estilo de gobernación. Llevándoles la parodia a nuestra democracia, luego gritamos socorro y anunciamos el estado de excepción cuando aparecen sus ciudadanos aquí, huyendo de las consecuencias que hemos provocado nosotros con nuestra estupidez y la miopía política.

El drama afecta a Grecia, Italia, Hungría. Nuevos países como Macedonia y Serbia también han sido involucrados en este drama humano, siendo rutas de tránsito para refugiados sirios. Roma acaba de advertir que el agravamiento de la crisis de la inmigración “amenaza con arrancar el alma de la UE”. Y las autoridades alemanas han declarado que es “el desafío más grande de Alemania desde la reunificación”. De momento, los gobernantes de 28 países que forman parte de la Unión Europea, han sido incapaces a lo largo de varios meses de repartirse una ridícula cuota de 20.000 refugiados.

Con el panorama actual no voy a hacer llamamientos a la conciencia, clamando misericordia a los gobiernos europeos, recordándoles que tenemos parte de culpa en la situación actual de Siria. No soy dirigente de ninguna ONG, no milito en ninguna asociación política ni tampoco pertenezco a ninguna orden religiosa. Soy un moderno empresario, emprendedor y estoy acostumbrado a buscar ante todo el sentido común, resolviendo conflictos, basándose en la negociación de intereses contrapuestos. Así que para fijar unos criterios objetivos, vamos a separar las personas del problema. Vamos a concentrarse en los intereses y no en las posiciones, buscando opciones de mutuo beneficio.

La UE se creó con el fin de integrar todos los estados socios en uno solo más grande, más poderoso, más competitivo y más libre. Es un proceso complicado, con muchos intereses, y la transferencia de las competencias se hace de forma gradual, con mucha resistencia y poca eficacia. Pero el egoísmo y la incapacidad de ponerse de acuerdo para actuar juntos, debilita mucho a la Unión Europea. Sin una “hoja de ruta” común, cada día se hacen más fuertes las voces a favor de suspender la libre circulación de personas en Europa para protegerse de la ola migratoria.

El Tratado de Schengen es una de las principales identidades de la UE. Si se suspende o desaparece, puede ser que sea el principio del fin de la Unión Europea. Así que es el momento para decidir sin tapujos que queremos: ¿ponemos fin a la unión y volvemos a las fronteras internas? Perfecto. Pero entonces también tenemos que estar plenamente conscientes que el segundo paso será la vuelta a las divisas nacionales y la muerte definitiva del euro. Luego vendrán de nuevo los aranceles y las alianzas de norte/sur y ricos/pobres. El colapso del sistema bancario y la caída de las principales bolsas europeas serán muy importantes. Provocarán un tsunami financiero en el mundo entero y una larga y penosa recesión.

¿O seguimos adelante con el proyecto europeo? Entonces es la hora de darse cuenta que no podemos tratar el fenómeno de inmigración como un fenómeno de desastres naturales, declarando el estado de excepción. Europa está envejeciendo más rápido que otras regiones del mundo y necesita con urgencia un serio programa de inmigración al estilo canadiense. Necesita inmigrantes, es puro pragmatismo. Con el índice de natalidad por los suelos, a medio plazo no tendrá la posibilidad de cumplir con sus compromisos sociales, ni de pagar las pensiones, ni tampoco de competir en el mundo globalizado.

Por ejemplo el gobierno de Canadá anunció que recibirá entre 260 mil y 285 mil nuevos residentes permanentes en 2015, los niveles de admisión más altos de la historia reciente de ese país. El objetivo es promover el crecimiento económico, reduciendo la escasez de mano de obra calificada con la incorporación de extranjeros a la población laboral activa.

Aunque puede parecer increíble, pero con el paro actual incluso en España es difícil de encontrar personal cualificado. La mayor parte de los parados de larga duración son personas sin estudios ni habilidades para competir en el siglo XXI. Están perdidos para el mercado laboral.

Pero muchos europeos no los quieren a los inmigrantes. Tampoco querían a los compatriotas de Kafka. Somos como Donald Trump, alérgicos a estos bichos. Podemos vivir sin ellos. Pero no tan bien como vive el modélico Trump. Él es rico, la mayoría de los europeos no tanto. El “viejo continente” tendrá que compensar el impacto del envejecimiento, haciendo trabajar más tiempo a los empleados, atrasando infinitamente la edad de jubilación, pagando menos pensiones, desmantelando por completo el estado de bienestar y recortando drásticamente el cómodo empleo público, utilizando más y mejor a los funcionarios actuales. Y es que vivir sin la “plaga” tiene su coste. Ah, ¿tampoco queremos vivir así? ¿Huelgas, manifestaciones y cambio de gobierno? ¿El populismo de la extrema izquierda unido con el populismo de la extrema derecha?

Pero os diré más. Incluso sacrificando ahora por completo el estado de bienestar, será solo un remedio paliativo. A largo plazo, la Unión Europea necesitará atraer a un número significativo de trabajadores cualificados de fuera de sus fronteras. Si cerramos la puerta a la inmigración, pagaremos un precio económico. No se tratará sólo de encajar capacidades, sino también de cifras. Los que están interesados, pueden consultar los datos abiertos de “Eurostat”.

Los políticos europeos todavía son incapaces de ver el verdadero cambio del modelo de la sociedad moderna. Y están perdidos. Ceden terreno a Marine Le Pen, en Francia; Nigel Farage, en Reino Unido; y Geert Wilders, en Holanda. Estos están atrayendo a votantes de la clase obrera asumiendo posturas contra la libertad del movimiento de trabajadores dentro de la UE, desde más pobre este y sur al norte más rico. Acusan a la UE de abrir las puertas a los inmigrantes “que roban puestos de trabajo”, tirando por tierra los salarios y el nivel de vida e incrementando los índices delictivos. Y la vieja clase política les responde tímidamente como la tonta Kelly Osbourne que sonó realmente preocupada: “si echan a todos los latinos de este país, ¿quién va a limpiar los retretes de Donald Trump”?

Con la globalización económica se acabaron los estados “monoteístas” y “monoculturales”. Y los inmigrantes no solo valen para limpiar los retretes o recibir nuestra misericordia. La sociedad cívica europea debe superar la creciente oposición de la opinión pública, como muestra la subida de los partidos populistas contrarios a la inmigración. Es una labor cultural que debe ser impulsada y financiada desde el Estado por razones económicas y de seguridad.

Si se diera una espiral de ataques y una escalada de respuestas, no cabe la menor duda de que esto golpearía la confianza de los consumidores y de las empresas. Supondría una amenaza que podría acabar con la recuperación económica. Los últimos acontecimientos han demostrado que la radicalización de la segunda generación de inmigrantes se acelera en Europa por falta de su integración. No se sientan europeos en parte porque no les dejan sentirse así. Y esto utilizan de forma hábil los que reclutan a los descontentos y humillados para convertirles en terroristas. ¿No se pregunta los políticos europeos porqué muchos jóvenes se unen al Estado Islámico?

La cultura de una sociedad abierta e integradora, cosmopolita y competitiva, es el único garante de la prosperidad económica y de la paz. La inmigración es necesaria, pero debe ser organizada y controlada. Pero Europa no debe seleccionar a esclavos modernos, sino a ciudadanos de pleno derecho. ¿Está dispuesto la UE hacerlo?

Sin una política migratoria sería, incluido un profundo cambio de la mentalidad europea, la Unión Europea estará marginada. No podrá mantener su poderío económico y poco a poco se convertirá en un continente decadente, un parque de atracciones para turistas adinerados, con un tejido empresarial desfasado y caro. Y es que como dijo Franz Kafka, “En la lucha entre uno y el mundo, hay que estar de parte del mundo.”

¿Y qué opina mi querido lector?

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One response to “La botella Nº 21: “La metamorfosis” de Kafka y la mutación de la Unión Europea. Capítulo III – La crisis migratoria de refugiados y de la inmigración ilegal

  1. Estoy compeltamente de acuerdo, pero supongo que el transfondo de todo esto va mucho mas lejos, tan solo hace unos 45 años supimos de la llegada del hombre a la Luna (o eso creemos) y cada pais vivia inmerso en salir adelante como mejor podia y sabia, sin Internet, sin moviles ,sin TV por satelite, sin todo aquello que ha convertido a lo peor del hombre en una epidemia global para beneficio de unos pocos a raiz de fomentar las envidias entre paises supuestamente desarrollados donde se despilfarra la comida por toneladas frente a paises donde poder beber un vaso de agua ya es todo un triunfo. Luego se sorprenden de los flujos migratorios, el hambre, la tristeza y la lucha por la superviviencia no entienden de fronteras.

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