La Botella Nº4: La Comunidad del Anillo Universitario

¡Corred a pactar, insensatos!

Una de las obligaciones que tiene cualquier directivo es estar al corriente de la actualidad. Vivimos inmersos en la sociedad del rendimiento y de la competitividad. Cualquier noticia, buena o mala, puede afectar de forma directa o indirecta los objetivos que tenemos marcados.

Pero una cosa es estar informado e otra ser influenciado. La capacidad analítica y el filtro de criterios propios ayudan a mantener la distancia de seguridad, absolutamente necesaria para mantener una visión clara y una mirada crítica.

En alguna ocasión comenté que mi empresa tiene vínculos con el mundo universitario. Por esta razón y con especial atención leí este artículo en “El País”: “Ciudadanos” pide acabar con “la estalinista burocracia universitaria”:

http://politica.elpais.com/politica/2015/07/27/actualidad/1438021015_766378.html

No es mi intención de anunciar aquí los pasos que tiene que tomar la universidad para renovarse (cosa imposible si no se renueva la sociedad entera), ni tampoco proclamar a los “ganadores” y “perdedores” en esta lucha social y política. “Al César lo que es del César”, a mí me toca solamente compartir algunos pensamientos surgidos a raíz de esta noticia.

Recuerdo bien los años que pasé en la Universidad como estudiante. Eran buenos años. He tenido la suerte de estudiar en dos Alma Mater Studiorum – en España y en el extranjero. Y con el conocimiento de la materia puedo decir que el discurso que nuestras universidades son malas y las otras buenas, me recuerda los cuentos que hablan sobre unos Reyes justos que viven en unos países lejanos.

Entiendo que los criterios de un político son diferentes de los criterios de un técnico. Supongo que por eso un político se fija antes en la abundancia de la “burocracia estalinista”, mientras que a un técnico le preocupa más la falta de “estudiantes estajanovistas”, utilizando el mismo lenguaje. Pero no soy partidario de utilizarlo. No creo en las revoluciones y en sus héroes. El único camino valido para mí es el camino evolutivo.

Y la universidad española debe evolucionar en su conjunto, sin duda alguna. Exactamente como debe evolucionar la sociedad entera y su clase política. Y este proceso está en marcha, en parte como consecuencia de la última crisis. Muchos de las decenas de miles de jóvenes que han salido al extranjero volverán a España y traerán aires frescos. Pero también los que hemos quedado, hemos aprendido mucho. Hemos perdido la inocencia, pero hemos ganado la sabiduría.

Hemos entendido también que si no se esclarezcan y establezcan las leyes de convivencia cívica de manera apropiada, caeremos en el abismo del populismo, de la manipulación y de la represión retrógrada. Por eso, cuando Albert Rivera llama a los demás partidos a un pacto nacional por la educación – me parece un paso obligatorio y necesario. Pero de ningún modo debemos levantar la voz para agredir al otro con la intención de vencer y demostrar que tenemos la razón, ya que hacer sufrir al otro y hacerle pasar vergüenza es algo que está muy mal visto y poco productivo en las sociedades modernas.

A pesar de numerosos defectos que tiene la universidad española, algunos de ellos gravísimos como la financiación, la falta de investigación (diferenciamos la básica y la aplicada), la poca innovación y la brecha entre la productividad y el coste, sigue siendo una base muy válida para cualquier joven que quiere desarrollarse como persona y como profesional.

La verdadera lanzadera para el futuro laboral es la ambición y las metas que cada uno marca para sí mismo. Los que vienen hoy a la Universidad para asistir a la “fiesta del canuto”, la tendrán toda la vida. Pero aquellos que vienen para aprender – también tienen esta oportunidad. Y no solamente en España, la posibilidad de cursar parte de tus estudios en otras universidades extranjeras, gracias a los convenios y programas actuales, es un privilegio que no había antes. Incluso poder hacer prácticas y trabajar legalmente en toda la Unión Europea. Así que se puede aprovechar perfectamente la potencial que tiene la universidad española y complementar sus deficiencias con estancia en el extranjero. Dicho esto, no significa que tenemos la mejor universidad posible, ni mucho menos. Y probablemente ahora hay más sombras que luces.

Hace años por motivos profesionales asistí a la reunión entre el presidente de GlaxoSmithKline España y el director de la Fundación de la Universidad Autónoma de Madrid. A pesar de que la colaboración entre la universidad y la empresa era vital para ambas partes, la reunión terminó como el rosario de la aurora. Era más fácil superar el horizonte temporal de la investigación y comercialización del producto en cuestión, incluyendo la titularidad de la patente, que superar las barreras culturales que hasta hoy existen entre el mundo académico/universitario y el industrial/empresarial.

La existencia en España de dos culturas totalmente opuestas es el principal origen de los obstáculos a la cooperación y modernización de la Universidad/Empresa. La inquistación de este problema se ha convertido en un obstáculo estructural – mucho más difícil de resolver.

Así que soy un poco escéptico sobre los pactos políticos en esta materia si no están respaldados por las necesidades reales de la economía productiva. El cambio de la cultura empresarial en nuestro país es tan necesario, como obligatoria es la modernización de los círculos académicos.

¿Cómo lograrlo? Innovando. Innovando en laboratorios, innovando en despachos, innovando en la calle. Destacando, sorprendiendo, uniendo la sociedad en la excelencia sin temor a los cálculos electorales. El camino de la evolución siempre se compone de aciertos y errores, que a su vez, son los pasos hacia la continua y necesaria perfección.

¿Es posible todo esto en nuestro país donde la envidia, disfrazada de prudencia, mantiene una larga alianza con la mezquindad y la estupidez? ¿Dónde cuando alguien se eleva sobre los demás, pocas veces resulta admirado por la eterna sospecha de la picaresca nacional? No lo sé. Pero hay que intentarlo. No tenemos otro camino. O evolucionamos o desaparecemos como un país rico y moderno.

“Es sabiduría reconocer la necesidad, cuando todos los otros cursos ya han sido considerados, aunque pueda parecer locura a aquellos que se atan a falsas esperanzas.” – nos decía Tolkien. Y a través del tiempo y del espacio oigo la voz de Gandalf: ¡”Corred, insensatos”!

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