La botella Nº3: La publicidad y el juego del gato y el ratón

El raton y la publicidad

Una taza de buen café por la mañana es uno de los mayores placeres que experimento yo todos los días. Y es todo un ritual – desde que se hunde la cuchara en el “oro negro” hasta que el agradable olor a café invade el despacho con su palestra de colores y emociones.

Dicen que el olfato ha evolucionado para identificar aquello que olemos, para saber qué son, y no cómo son esas cosas. Afirman también que los humanos tenemos una memoria olfativa que nos permite acentuar los recuerdos y sus efectos que traspasan las fronteras temporales. No sé si Einstein se refería a algún tipo de olor cuando afirmaba que la diferencia entre el pasado, presente y el futuro es pura ilusión, o más bien se refería que el tiempo, probablemente, es una ilusión del cerebro.

Pero cuando una persona lee algo que le “huele mal” – el recuerdo también traspasa las fronteras del espacio y del tiempo. Se despiertan mecanismos en la mente y en el cerebro que relacionan la noticia con las sensaciones y emociones muy negativas. Es exactamente lo que me ha pasado cuando he leído esta notica: “El juego del gato y el ratón entre anunciantes y bloqueadores de publicidad”.

http://www.expansion.com/empresas/tecnologia/2015/07/25/55b3abd9e2704e2b788b458a.html

Muchos usuarios de Internet como yo, cansados de banners y anuncios emergentes, han descargado software para bloquearlos en sus PC y en sus dispositivos móviles. ¡Solo de AdBlock Plus los usuarios se han descargado el software bloqueo de anuncios en unos 400 millones de ocasiones!

Las empresas empezaron a darse cuenta de que los anuncios por los que habían pagado no aparecían más. Lejos de sacar las conclusiones y buscar otra forma más creativa de hacer llegar la información sobre sus productos y servicios, se centraron junto con sus proveedores en filtrarse por las grietas de los programas de bloqueo de anuncios y, a pesar del rechazo de los consumidores, volver aparecer en sus pantallas. Como un grano en el culo, como cucarachas que se meten por cualquier grieta en las antiguas mansiones, como mosquitos que se cuelan a través de las cortinas para chuparte la sangre, como el olor a podrido que hace muchísimo tiempo que ha traspasado las fronteras de Dinamarca….

¿Pero cómo es posible? me pregunto yo. No se trata de un juego de ordenador ni tampoco de una guerra o una competición. Se trata de la reputación. De su reputación. ¿Cómo no se dan cuenta los flamantes ejecutivos de las empresas anunciadoras y anunciantes que, invadiendo de esta forma mi privacidad y actuando contra mi deseo, lo único que consiguen es despertar el fuerte rechazo a sus empresas, a sus servicios y sus productos? ¿Y para eso pagan el dinero? ¿Para asociar su marca con la sensación de asco en mi cerebro? ¿Para que sea la publicidad aún más emocional?

Lo más sorprendente es que no se trata solo de anuncios que te prometen eterna juventud, alargando el penis y añadiendo la vagina y prometiendo de paso mucho dinero en el FOREX. Con estos está todo claro. Lo que me sorprende enormemente que las empresas serias y de renombre se apuntan al mismo carro. Por ejemplo algunas multinacionales del mundo de motor en diferentes webs promocionan de esta forma sus modelos. Ya no solo se te cuela el banner, sino que al cerrarlo empieza el juego de gato y el ratón: debes perseguir por toda pantalla el puñetero anuncio para cerrarlo ya que te tapa el texto que quieres leer o ver. Algún programador iluminado ha pensado sustituir la función de cerrar el banner por moverlo y la pesadilla continúa más de lo tolerable. ¿De verdad cree el Consejero Delegado del turno que después de esta experiencia me va a interesar su marca de coche y el modelo anunciado de esta forma? Si cabía alguna posibilidad antes de que sea yo un cliente de esta marca, ahora no existe ninguna.

Menos mal que hay empresas serias. Apple anunció que permitirá a los desarrolladores crear software de bloqueo de publicidad, AdBlock Plus redactó una “lista blanca” de anunciantes a los que se les permite eludir su software de bloqueo siempre y cuando las compañías acepten el código de buena praxis – prometiendo no enviar ni mostrar banners y anuncios emergentes. Por tanto se puede perfectamente buscar el punto de equilibrio entre el negocio de publicidad y privacidad de la gente.

Y para finalizar confieso que probablemente soy un poco anticuado. Sigo pensando que una marca seria debe conquistar a su cliente, como debe conquistar un caballero el corazón de su dama.

¿Imagina mi querido lector al típico pesado que contra la voluntad de la chica consigue su dirección e intenta meterse en su casa por la ventana ya que no le abren la puerta? ¿En qué mente enfermiza puede tener un final feliz el romance como este?

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