La botella Nº 1: El estado y las libertades

Era el sábado, 25 de julio de 2015. Un día maravilloso. Por fin la ola de calor nos había dado un respiro y ligera brisa recorría las calles de Madrid. Uno solo tenía ganas de disfrutar de un paseo, de un aperitivo en una terraza veraniega y como no, de la vieja costumbre de la gente mediterránea – contemplar la gente pasar. La música era perfecta para el momento – “Wilbur De Paris & His New New Orleans Jazz Band.

Tenía ganas de bailar. Solo bailar. Querría acercarme a la joven mujer sentada en la esquina de la terraza, que leía un libro tomando su capuchino, e invitarla a bailar como se hacía en un jardín de lilas de café La Closerie des Lilas, en París. Al oído me susurraban todos juntos Picasso, Sartre, Oscar Wilde y Hemingway, animándome a dar el paso como hacían ellos en Boulevard du Montparnasse, 171. Sí, sí, baila con ella, baila. A mediodía. En Madrid aunque no sea en Paris. En una terraza de un café con una completa desconocida. ¿Qué vamos a hacer? Pero…

De repente la mujer se levantó y sonrío, otro hombre se acercó a ella y le dio un beso de película. La temperatura empezó a subir y el calor apretó de nuevo. Sudaba como un pollo. Solo en pensar el ridículo que a punto estaba de hacer, me entraban ganas de partir la cara a los soplones, pero los cuatro, por suerte, llevaban ya muchos años muertos.

Volví a mirar a la pareja. Me toca a sonreír a mí. ¿Por qué? Por nada en especial. Simplemente me gusta ver gente feliz, gente enamorada, gente atemporánea, gente inmersa en su mundo donde sobran y los que quieren bailar, y los que quieren mirar, y los que quieren opinar. A la naturaleza le da absolutamente igual que pensamos de ella y de sus leyes. “Los buenos artistas imitan la naturaleza; los malos, la vomitan”, decía D. Miguel De Cervantes Saavedra.

Y aquí es, donde empezó a oscurecer mi mundo, se apagó mi sonrisa y se me han quitado las ganas de bailar. Las leyes atemporaneas de naturaleza y las Leyes de los hombres contemporáneos…

Me acordé de las tres noticias leídas prácticamente en cuestión de una o dos semanas y que hablan de China, Estados Unidos y Rusia. Los tres grandes países, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y que, junto con Gran Bretaña y Francia, los únicos que tienen derecho a veto. Son los amos de la situación geopolítica surgida a raíz de la segunda y de momento, la última, guerra mundial. Algunos han perdido parte de su poderío, otros han adquirido mayor protagonismo en el siglo XXI y terceros lo quieren mantener eternamente. Países muy distintos, pero, al parecer, muy sensibles con la vida privada de sus hombres y mujeres. He aquí los links que me han llamado poderosamente la atención:

http://www.abc.es/internacional/20150719/abci-detenidos-video-porno-china-201507190804.html

El primero nos cuenta que la policía china arrestó una pareja que se grabó teniendo sexo en unos probadores. La acusación popular comunista afirma que el vídeo «viola los valores fundamentales del socialismo». No sé si les entró un calentón o era una forma de promocionar la tienda en cuestión, pero arrestar a la pareja y llevarles a la cárcel me parece una exageración en el siglo XXI. Pero se trata de China, un país que, digamos, no es un ejemplo de libertades.

Pero mi sorpresa mayúscula fue ver la noticia procedente de otro país totalmente distinto y que se asocia generalmente con todo tipo de libertades:

http://www.elmundo.es/america/2015/07/13/55a3e59aca47412f588b459d.html

Dos años y medio de cárcel por mantener relaciones sexuales con su novia en la playa de Florida. La pareja se enfrentaba a 15 años de prisión por mantener relaciones sexuales de mutuo consentimiento. Ambos fueron acusados de “comportamiento lascivo”. Curiosamente suena a “valores fundamentales” del socialismo chino. Y claro, todo se hace para proteger a los menores, una niña de tres años lo ha visto. Solo por este hecho deberían de adminístrales la inyección letal, ahorrarían de esta forma los gastos de mantener años a ésta pareja en la cárcel. Ahora en serio, no se trata de que está mal o bien practicar sexo en una playa pública. Sería perfectamente comprensible el rechazo de una sociedad a los hechos como este. Pero lo que no me resulta comprensible es la desproporcionada que fue la pena impuesta en un país civilizado y abanderado de las libertades. ¿Acaso sobra sitio en las cárceles para los verdaderos delincuentes? ¿No bastaría con una multa? No sé porque recuerdo las imágenes del Estado Islámico asesinando a los homosexuales. Y es que en su sociedad la homosexualidad atenta contra los valores fundamentales y es un comportamiento lascivo.

Y por último, los rusos de costumbre, tomando la delantera: la “Duma” rusa, el parlamento de aquel país debatirá sobre la prohibición total de cualquier tipo de relaciones sexuales a cualquier edad si las personas nos han sido casadas oficialmente. ¡Toma Geroma pastillas de goma! Y si te ha entrado un calentón con tu novia de toda la vida y no estáis casados, pues nada amigos, a la cárcel a los dos. Y es que a los rusos siempre le gustaba llevar la delantera: ¿qué más da: mandar al primer hombre al espacio o mandar a la cárcel a la gente mayor de edad por hacer el amor de mutuo acuerdo? Total, para ser el primero… No entiendo nada, ¿se trata de la misma Rusia precursora de la emancipación femenina del siglo pasado en el mundo entero?

http://rustelegraph.ru/news/2015-04-01/Seks-do-braka-v-Rossii-mogut-zapretit-s-2016-goda-28843/

Leyendo estas tres noticias hasta Kim Jong-un se sentiría envidia…

¿Qué, rayos, está pasando a las sociedades modernas? ¿Porqué a los estados les interesa tanto meter las narices en la cama de sus ciudadanos o, mejor dicho, de sus “súbditos”? ¿De qué tienen miedo?

No quiero pensar que el principal motivo es el mismo por el cual se perseguía la sexualidad de los hombres y mujeres en estados dictatoriales y en organizaciones con poder vertical contrarias a las libertades personales y del pensamiento humano. ¿Tanto miedo les da una persona feliz y satisfecha con su vida sexual que mañana podría exigir el mismo respeto a otras facetas de su vida en la sociedad?

Algunos afirman que el mundo se está volviendo más conservador. Yo no estoy tan seguro. De lo que sí estoy seguro, es que vivimos en una época del cambio permanente: desaparecen países, surgen otros nuevos, los gobernantes tienen diferentes varas de medir para los mismos hechos y las aplican a su antojo, la tecnología ha cambiado nuestras vidas para siempre. La mayoría de los valores y las certezas sociales aprendidas desde la cuna se han caído en los últimos 25 años, y eso genera mucho miedo al futuro. En los momentos así es cuando hay que plantearse nuevos modelos de convivencia.

Pero la tentación de infundir el miedo y controlar la sociedad con puño de hierro es muy alta. Los pueblos sexualmente deprimidos, adoctrinados en el ambiente generalizado de miedo, que aceptan ceder todas sus libertades civiles a cambio del “panem et circenses” son mucho más propicios para el control absoluto.

¿Y queremos nosotros dar al Estado este poder absoluto sobre nuestras vidas?

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